José Ramón Muelas García.
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Fotografías base procedentes de www.ayuntamientodemorata.com. Septiembre 2.002¿Es posible disponer de un método asequible para estimar la fiereza de los elementos de un conjunto de toros?. De serlo, resultaría facilitada la selección de animales que una vez en la calle, tenderían a abandonar la manada, rematar en talanqueras, circular por la carrera acudiendo a las llamadas etc...; es decir, animales óptimos para la ceremonia del toro corrido popular; aunque tal vez no lo fueran ni para los toreros, ni para quienes gustan de encierros "visto y no visto" o de "noli me tangere". En el artículo se propone una experiencia para tal objeto. I.- compra de toros Cuando las comisiones de festejos visitan ganaderías para comprar la cabaña a correr durante las fiestas, eligen animales según su presupuesto, experiencia y destino. "Ojos, pata y fuelle" son los tres puntos más importantes a asegurar; es decir, que los toros estén bien de vista, aparato locomotor y sanos y si además tienen algún trapío, mejor. Pero nadie es capaz de predecir la agresividad -definida por el carácter fiereza- que mostrarán una vez sueltos por las calles. Los vecinos quieren "toros bravos que den juego"; juego a todos ellos; a los de las talanqueras y a los de la carrera y eso no puede garantizarlo ni el ganadero, ni el veterinario, ni la comisión, dado que no disponen de ningún método para estimar la fiereza. Podría pensarse que formando grupos en la dehesa y observando quienes son los animales mandones –"líderes"- se dispondría de alguna orientación; pero muestra la experiencia que el método no funciona : el mandón suele hundirse. Otra solución consistiría en hacer marchar a la manada y ver qué animal encabeza el movimiento, método que tampoco funciona, pues el cabeza de grupo, además, suele ser distinto animal al mandón : la manada toma un jefe diferente en función de lo que vaya a hacer. También podría esperarse obtener información del análisis hormonal, enzimático, protéico etc.. tras la oportuna comparación de la concentración del compuesto orgánico elegido con una base de datos, pero todavía hoy ni hay correlaciones claras, ni la mayoría de los ganaderos se prestarían a semejantes operaciones. Así las cosas, las principales herramientas para tener ganado agresivo son : la intuición de la comisión, basada en su experiencia y la de sus asesores, la buena fe del ganadero, el "punto" o encastado –englobando en el término tanto fenotipo similar al de la casta origen, como expresividad genotípica-que presente la camada del año y la fortuna, o si se prefiere, la ciencia infusa que el patrón o la patrona se dignen inducir en los electores. Sonreirá el lector a la vista de la panoplia, pero no hay otra cosa. ¿Puede haberla?. II.- El peculiar encierro de Morata de Tajuña. Morata de Tajuña es una buena población a 40 Km. de Madrid; su urbanística, entorno, carácter de las gentes y tradiciones la hacen plenamente castellana, así que lo más importante de sus fiestas son los toros corridos y dentro de ellos, los encierros.
De carácter urbano, se diferencian de los de otros lugares castellanos a causa de su singular toril, que resumidamente, consistía el año 2.002 en un prisma rectangular de elevadas paredes pintadas de rojo taurino, acoplado en medio de la calle y una de cuyas caras se convierte en puerta de doble hoja; allí se reúnen toros y cabestros para ser liberados a la carrera. Admitiendo que el grupo de toros proceda de la misma ganadería, venga hermanado de la dehesa e intacto física y psíquicamente; es decir, sano, sin afeitar y sin haber precisado tranquilizantes para el transporte, tenemos en ese toril un laboratorio donde estudiar el comportamiento –tal vez mejor, etología- de un conjunto homogéneo en ambiente hostil. Todo les resulta desconocido : el piso artificial, duro y resbaladizo; la limitación visual impuesta por las paredes sin textura y acentuada por el carácter horizontal de la pupila del toro y por el rojo taurino, color que no existe en la naturaleza; los ruidos de la gente que nerviosa espera ver abrirse el portón, cuyas frecuencias jamás han escuchado; la variadísima gama de olores propios de la fiesta etc... En conclusión, el grupo, sumergido en tan atípico recinto, adopta un despliegue defensivo conforme le dicta su instinto y para ello forman un círculo, de modo que los individuos se distribuyan de modo óptimo al objeto de vigilar el entorno, puedan cubrirse unos a otros las zonas vulnerables de visión lateral y trasera y arropen en el interior de ese círculo a los potencialmente más débiles. El incombustible Darwin o la adaptación al medio.
Cuando el grupo avance calle adelante, se verá sometido a dos tendencias; por una parte, mantener la disciplina de grupo, pues los individuos saben experimental y genéticamente que ese rombo en movimiento es la mejor manera de arrasar lo que se ponga por delante; por otra, la tentación de resolver individualmente el problema, desligándose del grupo y actuando aislados contra corredores y talanqueras. Normalmente prevalece la primera tendencia, progresando conforme al eje de la calle, a velocidades sobre 18 Km./h y alargando el rombo hasta casi llegar a la línea. III.- Un método a experimentar. ¿Puede determinarse el nivel de agresividad de un toro en función del lugar que ocupe en ese toril, medio hostil?. El centro del círculo o lugar más protegido le ocupan los fieros o los mansos?....o, simplemente existe una alternancia en la vigilancia, de modo que el centro le ocupa el animal que precisa descansar para neutralizar la tensión acumulada tras desplegar en la circunferencia del círculo?.
La respuesta a estas preguntas o una aproximación a ella puede proporcionárnosla la gente de Morata aficionada al toro popular. Un protocolo orientativo a seguir consistiría en :
* Si entra ahilado a toriles, no habrá lugar a medida. * Si algún animal queda aislado, contar las veces que se arranca a los cites. Repetida la experiencia durante un mínimo de 5 años, con dos encierros cada año -si siguen utilizando el mismo toril- podrán esbozarse respuestas cuali-cuantitativas a la pregunta. Si se concluye que no existe correlación entre agresividad y lugar ocupado en el despliegue propio de medio hostil, nada se habrá perdido; incluso habrá servido para que los participantes en la experiencia hayan pasado buenos ratos. Si se concluye que sí existe correlación, podría trasplantarse a la dehesa el toril de Morata y simular su entorno, pudiéndose estimar la agresividad potencial del ganado a comprar; el método parece poco agresivo y sencillo de utilizar. Otro cantar diferente es que el entramado económico del negocio aceptara semejante "control de calidad". Quedo estas reflexiones abiertas a la gente de Morata y a la crítica de los maestros para el IVª Colegio de Lanceros.
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