A.T. "EL RASO" DE LA PEDRAJA DE PORTILLO. UNA GRAN FUNCIÓN TAURINA POPULAR EN SU Xº ANIVERSARIO.

 J. Ramón Muelas

foto. Jose Carpita

 

 

     La A.T. “El Raso”, de la Pedraja de Portillo, celebraba el sábado 8 de abril su décimo aniversario con un día festivo completo que comenzó con pasacalle, encierro infantil y escuela de torero a cuerpo y a trapo; cosa de gran importancia, pues enseñar a los niños nuestras tradiciones es darles brújula con la que navegar en tiempos oscuros.

     A la función se sumó el Bar Callejón con un vermú musical; el ir y venir de taberna en taberna, la numerosa parroquia taurina que ya pone esta fecha con fluorito en su calendario, la mañana veraniega, las talanqueras enclavadas, el rumano que vendía globos, la carpa mayor cada año, la miniferia … lo que empezó siendo la capea de una asociación, se había convertido en un día de fiesta al modo castellano, por haberse unido a ella otras asociaciones taurinas.

      Se remataó la mañana con la Paella de Hermandad. La comida y la entrada a los toros valía 10 euros si se adquiría a través de alguna asociación anticipadamente, o 12 euros si se compraba en el momentos; la entrada a los toros 8 euros; con estos precios y el apoyo del comercio y el ayuntamiento de la villa se dispuso todo.

     El ganado a correr eran tres cuatreños bien presentados; uno negro zaíno de Las Monjas (Juan Pedro Domecq), un castaño de Torrealba (Domecq Jandilla y Torrestrella) y el toro estrella, un castaño de los Sánchez Herrero (Domecq) que serían reforzados con una vaca y una chota.

     A las cinco y media pasadas, cosa de 2.000 aficionados fueron ocupando la buena plaza de la Pedraja en cuyo palco presidencial una gran pancarta avisaba a los de la Junta y a los de las Cortes que “TORDESILLAS NO SE RINDE”; evidentemente por allí no paraba ninguno de la Junta ni de las Cortes,  ni hacían falta; el público era otro, mayoritariamente joven, con ganas de bailar cubata en mano, de absorber el optimismo que irradian estas funciones tradicionales y de emocionarse usando nuestras formulas: El toro. En las antípodas de Junta y Cortes.

      Abrió plaza el cuatreño de las Monjas cuya nobleza era exquisita; rectilínea su trayectoria, uniforme su velocidad, perfecta su atención, sin derrotes laterales al contactar ... era un mirlo blanco, pero un mirlo blanco pensado para plaza de montera; es decir, un mirlo sin demasiada fuerza sobre el que se echó la parroquia deseando disfrutar sus excelentes condiciones, y eso obligó a la dirección a pedir orden.
Se trataba de ralentizar los lances de modo que el animal tuviera reposo entre acción y acción, y que éstas se sucedieran respetando el turno a cada torero. Cierto que así se pierde la emoción del torbellino que puede llegar a ser un coso cuando hay un toro fiero y móvil, pero no quedaba más remedio si se quería que durara el toro.

     Dada la clara embestida eran posibles las virguerías, recreándose los toreros con quiebros y saltos y minorando cortes y recortes que desgastan más al toro; también los atalancados aprovecharon que el toro llegaba a troneras y derrotaba sin iras para hacer sus llamadas; incluso una chica quiso acariciar la testuz; entonces el bicho en vez de golpear con ambas astas como venía haciendo, metió el asta entre poste y poste buscando arrebañar a la chica, que metiendo cuerpo evitó el hachazo.

     Conforme avanzó la corrida del toro fue parándose, buscando querencia en sombras y obligando a acortar distancias si se quería que arrancara y como ya sacó la lengua, fue guardado. Resultó toro amable y fácil, pero cosa de poco ante el nivel de los toreros presentes.

De entremés se soltó una vaca huidiza roja entrepelada; pronto abrió boca y comenzó a cangurear; es decir a trotar con un tranco propio de la mula del inquisidor Gaitán y que recuerda al trote de los canguros; como no tenía ganas de altercados, aunque entrara por mor del oficio, lucieron poco las buenas suertes que la hicieron.

     Salió de segundo el castaño de Torrealba rematando con furia visigótica en talanquera, incluso en las paredes de fábrica, y fue recibido por Óscar Bartolomé “Zamorano”, por quien no pasan los años, sigue corriendo como un demonio y se posiciona en plaza cada vez mejor. El toro presentó  comportamiento similar al primero, aunque se distrajera más, pero eso no importaba demasiado a la muchedumbre que se echó sobre el toro y que obligó de nuevo a la dirección a pedir orden en la lidia; y es que las ganas eran muchas y el toro, de irreprochable trapío, poco.
Pese a darle tiempos, el toro fue complicándose por momentos; de hecho, fijado un objetivo arrancaba tras él pero conforme se acercaba a la línea de toreros que se retiraba, cambiaba de blanco y seguía otro distinto, y así hasta tres veces; el resultado era una trayectoria curva cerrada que devolvía el toro a querencia. Parecido sucedía cuando un torero aislado le citaba de lejos; se venía, pero culebreando; tal comportamiento fue moviendo a utilizar más el trapo que el cuerpo.

     Y sin embargo no era bicho de malas intenciones, como demostró la caída del torero iscariense Oliver García en la cara del toro, cuyos efectos neutralizaron al momento los compañeros próximos en excelente quite; por cierto, resaltar el pundonor de Oliver García, quien nada más sufrir el accidente resolvió dudas pegando un ceñido recorte.

     Para desengrasar y dar materia a los chicos, a las mujeres y a los que comienzan en el arte, se soltó una chota. Piojosilla, encornada como el demonio que pisa San Miguel en la Soterraña de Olmedo, pelanas de invierno, trotó la arena a lo tonto pero entrando a todo para no lucir nada. Era chota progresista que hizo gala del lema de todo buen funcionario: “a mí no me compete”; chota de jolgorio que la Junta de Castila y León debería declarar patrimonio inmaterial de la galaxia. ¡La de vueltas que dio!. Cuando el ente sacó la lengua, tocó retreta el corneta, y apresada con todo el cariño del mundo, leyéndola un pasajillo de Gloria Fuertes y otro de Delibes, fue remitida a sus aposentos.

     La función se completaba con el toro principal del día, un castaño de los Hermanos Sánchez Herrero que ofreció el mismo comportamiento que sus hermanos genéticos. Mejor al trapo que al cuerpo, de trayectoria tensa y uniforme, pocas furias, menos nervios, predecible, era toro para montera más que para talanquera, al que también resultó forzoso “respetar” porque abrió la boca y cangureó como la ya citada mula del inquisidor.
Muy bien Zamorano y muy lucida una rueda al trapo.

     En resumen, Un estupendo día de fiesta organizado por una de las asociaciones taurinas más eficientes de Castilla: “El Raso” de la Pedraja de Portillo. Fue capaz de correr tres toros hechos y derechos con sus elementos menores, dar comida, vermú, copeo, actuaciones, plantar talanquera para encierro nocturno y sobre todo, reunir 2.000 aficionados que ya han convertido esta función en una más del calendario taurino.

     Respecto al ganado, dio de sí lo que pueden dar toros pensados para otra cosa distinta, aunque si nos preguntamos dónde comprar ganado con movilidad, acometividad, duración, intensidad y las demás cualidades que convendrían para las funciones populares, será difícil hallar respuesta; páguese lo que se pague y la calle paga extraordinariamente bien, lo más probable es que se adquiera un toro de “10 minutos”. Necesitamos ganaderías que críen un toro específico para este uso y hoy por hoy, no las hay.

   Respecto a la organización significar que si todo funcionó bien fue porque los socios cumplieron escrupulosamente con la misión asignada y lo hicieron con ganas, y eso se nota. Seguro que podría haberse innovado pero cualquier intento sería impedido por el nefando reglamento de espectáculos taurinos populares que como dogal al cuello impide cualquier novedad; por ejemplo, entrada la noche, un toro de fuego habría dado otro carácter al fin de fiesta. Durante los siglos XVI, XVII, algún año del XVIII, XIX y aún del XX se han corrido toros de fuego en villas y lugares de Castilla pero hoy lo prohíbe el reglamento. ¿Por qué?

Bien marcha la temporada para la tauromaquia tradicional.

FOTOS I

FOTOS II

 

 

Patronato del Toro de la Vega. Tordesillas (Valladolid)