EL MUY RECIO PRIMER TORO VEGA DE LA REPRESIÓN. CUANTO MÁS VIEJA LA YESCA Y MÁS DURO EL PEDERNAL.

 J. Ramón Muelas.

foto: Ricardo Martín & Jose Carpita.

   

 

   Desde mediados de mayo hemos perdido algunos amigos porque el boletín oficial nos ha declarado “ilegales”; así por las buenas, siglos de historia, raíces de nuestro modo de ser, valiosísimo patrimonio inmaterial y cien conceptos capitales más, entran en el terreno de la “ilegalidad” y como apestados quedamos expuestos en el desierto de lo repudiable.
     Solos como Fonseca conforme a la canción que voz en grito cantaba la tuna del Colegio Mayor Reyes Católicos en las noches del febrero vallisoletano, pero no tristes como Fonseca, paramos hoy, sagrado Martes de la Peña después que su excelencia la delegada del gobierno en Castilla y León, junto con la Junta y cortes del mismo pago hayan movido su tétrica ficha del miedo al palo y a la multa y a unos puntos suspensivos que parecen abrir las puertas del infierno de Dante a quien ose rozar la legalidad.

     Ya se ha encargado la prensa nacional de difundir ese miedo; incluso ha tenido éxito en la operación y algunos se han ido de vacaciones por lo que pueda pasar; otros se han puesto de perfil y callan y otorgan, y la palabra “Toro Vega” se vuelve tan maldita que ni siquiera se atreve a pronunciarla, no sea que pierdan la subvención, el sueldo o ni siquiera eso: Pierdan la palmada en la espalda. Pero en el fondo, como somos unos inconscientes, éramos muchos los que cantábamos como locos el “Llegó la Peña” o “El Toro Vega” de Candeal cachaba en alto.

     Así estaban las cosas cuando la noche del Lunes de la Peña esperábamos la llegada del Toro Vega, que volvía a encerrarse a caballo casi cuarenta años después. ¿Encerrar de noche un bicharraco de estos tras 4 km. de marcha por el pinar?. Éramos poco optimistas por ser evidente la dificultad de la operación y conforme recibíamos noticias de cómo discurría, perdimos toda esperanza, y conste que es de alabar el meter el toro a caballo en encierro nocturno, pero hay reglas imprescindibles de respetar: El silencio absoluto-absoluto, el salir de la base al atardecer para alcanzar posición cuando cierre la noche; si fuera posible, la enseñanza previa del camino para que le marque feromónicamente; utilizar no más de tres jinetes muy prácticos, respetar escrupulosamente las distancias de fuga, circular la retaguardia sólo en caso de necesidad, disponer buena parada de bueyes bien encabestrada (como era el caso), paso lentísimo, uso mínimo imprescindible de las transmisiones y bajo ningún concepto apagar y encender linternas, disposición de equipos de visión nocturna (por 200 euros hay algunos para salir del paso), la prohibición de vehículos a motor etc… son necesidades que la dirección sabía perfectamente, suponiendo que utilizara el procedimiento operativo tradicional y no otros de dudoso resultado.
     Como fuera, el toro, tras andar un par de kilómetros comenzó a derrotar lateralmente y terminó fuera de control, regresando al Prado del Zapardiel entre las cuatro y las cinco de la mañana.

     Mientras, en la plaza y talanqueras crecía el escándalo por momentos, pues a eso de las 00,30 h., ni entraba el toro ni se tenían noticias precisas de lo que sucedía; tales circunstancias unidas a la irascibilidad general que estos días campea por la villa a causa de la famosa prohibición de alancear al Toro Vega terminó en bronca.
Ni se dejó dar explicaciones al alcalde ni se dejó soltar al sobrero que paraba en el puente. Que fallara el encierro es la cosa más normal del mundo dada su dificultad; que no se tomaran las prevenciones mínimas es cuestión a meditar y corregir si se quiere evitar otro bochorno. Para asombro de torneantes, el “Norte de Castilla” publicaría al día siguiente que el encierro marchó sin novedad, enchiquerándose al toro en la plaza. Como los Tejidos Sigüenza, cada día nuevas fantasías.

 

    

Las armas de la satrapía estaban dispuestas para imponer el orden y la ley y la ciencia difusa; eran por una parte la legalidad vigente y por si no bastara, un surtido elenco de fuerzas para aplicar esa legalidad; entre las más notables, numerosos medios de comunicación, fuerzas de élite de la Guardia Civil a pie y a caballo reforzados por numerosos guardias camuflados de paisano, una compañía escasa de fuerzas antisistema-animalistas y sobre todo, el potencial para crear una atmósfera de derrota.
Alguien dijo que no hay novela capaz de superar a la historia real; aquí tenemos un caso, a cualquiera que le digas que la delegada del “PP” pacta con la flor y nata de animalistas/“Podemos” para dar cobertura a los manifestantes animalistas y protegerlos a la entrada y salida de la villa y mientras permanecen por donde va a discurrir una manifestación autorizada para que puedan desde la seguridad de la porra y la pistola insultar impunemente a un pueblo que sólo quiere viviré en paz ... no se lo cree; es demasiado surrealista, demasiado descarado, demasiado ilógico; y sin embargo ya todo es posible y allí estaban por arte de los sátrapas, tirios y troyanos dispuestos a humillar a Tordesillas y a Castilla, pues no se trataba solo de hacer cumplir la ley, sino de avasallar para dar escarmiento y quitar las ganas de cualquier futura veleidad.

     Que esa noche no dormimos cientos o miles de torneantes le parecerá normal al lector porque probablemente fue de los que veló confundido por verse en soledad sin la voz segura que le diga: “Vamos, torero! que ya somos dos!” ; desmoralizado ante tanto gigante aullador y poderoso; impotente por no ver ninguna solución y humillado al saber que además de todo, la tropa bizarra de su excelencia venía a “inspeccionar”; es decir, a hacer pasar por el trágala a toda la recia Castilla (a la otra, no).
Todo eso revuelto y bien revuelto tenía dos salidas posible, o agachar la cabeza y quedarse en la cama o encabronarse pidiendo puesto en la línea donde se defienden los fundamentos.

     A la del alba sería cuando la antaño solemne diana del Martes de la Peña y las descargas de cohetería a 20 segundos dieron comienzo al primer Toro Vega de la represión. ¿Dónde estaba esa mañana la banda de música municipal?; esa solemne diana es patrimonio y obligación suya, sus dianas Floreada y Aurorita deben sonar calle de San Antolín adelante; más en ocasiones como ésta cuando el concejo sale; pero no sonaron, así que los del Apocalipsis tuvieron su diana particular obrando como lo hacen los hombres de honor cuando ven su Tierra ofendida y humillada. No les irían a la zaga los de la Alforja y otras gentes de bien demostrando que cuando se intuye a Cervantes y a Calderón no hay mandangas que valgan.
Hoy resucita D. Ignacio Guerra, cura de San Pedro allá por 1.808, y se reencarna en dos chicas que no llegan a los 14 años. ¿Adónde van?. Y te quedas de piedra cuando te confiesan que “a desmondongar gabachos”; como suena; lo mismo que el cura de San Pedro hace dos siglos cuando el gabacho asolaba esta Tierra.

     Paraba la manifestación pro Toro Vega en el Empedrado dispuesta a bajar hasta el Cristo. Manifestación con todas las bendiciones de la legalidad y encabezada por una línea de guardias civiles; como a retaguardia llevaba una mano de caballería, también añadieron pareja de guardias a caballo; igual que en la foto famosa de 1.929. Por supuesto que la manifestación no eran solo los que iban tras las pancartas, a ellos habían de añadirse los miles de torneantes que no salieron al puente para no perder el sitio en talanqueras que llevaban guardando desde primeras horas de la mañana y los otros miles que llamaban sin cesar por teléfono: “!Viva el Toro Vega!”. “Castilla y libertad”. “Muerte a la Junta y al invasor”. “Victoria. Un abrazo”. “¿Está ahí la borracha?” ... imposible leerlos.

     Y mientras unos cuantos animalistas bien cubiertos por la guardia civil de a pie y a caballo procedía a insultar gruesamente a los torneantes, una chica de blanco bailaba “Danza del Toro Vega” delante de la pancarta principal. Dos mundos irreconciliables e incompatibles; de un lado la tradición a pelo, sin política ni políticos ni partido; la danza de la vida, de la madre (lo que nunca comprendió Julián Pitt-Rivers); del otro, el regreso a la barbarie, a los tiempos en que el hombre, acomplejado por sus incompetencias se consideraba igual a las bestias, incluso creía las locuras de nuestra estúpida madre Eva; el odio de la machorra en su estado puro. Eso se ventilaba en Tordesillas; bastante más que un toro, unos modos cimentales de entender la existencia. Madre o machorra, elija, señora.

     A las 11 salió el toro. Luego vino un turbión de viento y agua que nos caló hasta los huesos; pero lo que son las cosas, aunque estábamos en el Primer Toro Vega de la Represión, nos sentíamos en el Toro Vega de siempre; aunque en el Límite Anterior del Palenque había motos de la guardia civil en vez de lanceros de a pie; aunque los coches, cuatro jinetes uniformados y otros vestidos de civil custodiaban al toro para impedir cualquier alanceamiento, éramos conscientes de que aquello no era una realidad sino una incompetencia más que durará lo que les dure la porra a los del boletín, y todo apunta a que no será demasiado tiempo a tenor de cómo caza la galga; todo aquel despliegue no pasaba de ser una macarrada al más puro estilo cañí. Hasta un helicóptero revoloteaba entre las rachas de viento y agua más fría cada vez que no impedían maniobrara a los peones y a una caballería desarmada.

El toro marchó a su aire hasta el campo de fútbol, luego regreso sobre sus pasos, se entretuvo en puente y corro del Cristo y volvió de nuevo hacia el polideportivo. No tuvo la gloria de ser Toro Vega; ni siquiera tuvo más nombre que “primer toro de la represión”; pero a su llamada se reunió lo más florido de la torería castellana a la que poco importó calarse hasta los huesos, y comenzó a trazar planes y había que verla: Mordía.

 Toño, el de Candeal, no paraba de ser felicitado a la entrada del Palenque por los torneantes que le agradecían su hidalguía. Nosotros tenemos la canción; a ellos sólo les queda el palo. ¿No es patético?. A nosotros nos queda mucho por hacer pero sabemos que al final veremos otra vez subir puente arriba nuestras lanzas; esto ya lo hemos vivido antes; por ejemplo de 1.928 a 1.939 y eso sucedió.

Sucederá.

 LA JUNTA DEL PATRONATO MANDA. DAR LAS GRACIAS A LOS MILES DE TORNEANTES QUE ESTOS DÍAS ESTÁN CON LA TRADICIÓN DESDE LOS LUGARES MÁS DISTANTES DEL MUNDO Y DAR UN ABRAZO A LOS QUE NO SABEN DOBLARSE.

Patronato del Toro de la Vega. Tordesillas (Valladolid)