DESENJAULE CON FUERTE BRONCA DE LOS TOROS DE LA PEÑA Y DEL TORO VEGA  .

 J. Ramón Muelas.

 

   

 

       La calurosa tarde del sábado 3 fueron desencajonados en la plaza de la Providencia algunos de los toros que se correrán en las próximas fiestas de la Peña. Comenzó el desenjaule con una mano de animales de Nuno Casquinha procurados por Toropasión y destinados al concurso de cortes de mañana domingo. Causaron buena impresión por su pinta y hechuras, aunque las aparatosas cabezas no escondían la falta de cuajado propia del utrero. Un concurso de cortes precisa de cuatreños para arriba.

     A continuación desembarcaron una mano de erales y utreros para surtir los encierros. De diferentes procedencias, la molesta megafonía de la plaza dándole incansable al regatón como si estuviéramos en algún barrio de Bogotá, no dejó entender con claridad los datos del ganado. Los erales, de anodina presentación y muy justos para Tordesillas; los utreros, exceptuando un animal de Adelaida Rodríguez, poco o nada aportaban para una tauromaquia popular a la que hoy ya no la vale el cuento de cargar con las barreduras que no les sirven a los de montera y que como paga, exige lo pagado.

     El servicio de plaza estuvo puntual, atento, bien distribuido y dirigido por Taru, con una excelente parada de bueyes que –aparte de los encabestramientos- facilitó las operaciones.

     El Toro de la Vega , al que por imperativo legal algunos pretenden llamar “Toro de la Peña”, cosa que la afición no traga, era especialmente esperado como objeto sobre el que mostrar el enfado hacia la junta y cortes de Castilla y León; bastaba pronunciar la frasecita “toro de la Peña” para que la plaza fuera un clamor, de modo que cuando apareció el sobrero cinqueño rojo desteñido, intimo amigo de los bueyes, las voces ya se oían en Villavieja; no se inmutó el bicho, ya que la inteligencia proverbial de los animales le indicaba que la bronca no iba con él, sino con las autoridades que creyéndose lo de la inteligencia animal ponen los supuestos derechos de las bestias por encima de los muy reales derechos de los gobernados. Se limitó a descender la rampa parsimoniosamente, saludar a los congéneres e ir a tratar de sus negocios con ellos, cosa que dificultó el griterío y el volumen de la megafonía que subían tratando de paliar los gritos y protestas. Tanta beligerancia del público y tanto pacifismo del ganado no permitió concluir nada.

     El Toro de la Vega fue recibido con todos los medios de fuego disponibles, y aunque el muy salido cantante de rega largaba sus lúbricas urbanitadas a los álamos de la Florida, los “hijoputas” (así, en general) de un abuelo y su nieto sonaban con fiereza bíblica imponiendo la realidad: La gente está quemada.

     El toro era un zambombo, como en el argot de talanquera llamamos a los toros largos de eje mayor, anchuras, kilos, años y saberes y un zambombo siempre impone respeto, más cuando como éste, unen a su mole filistea contrastada bravura según demostró al barbear las bardas de barrera buscando a dos individuos, aunque el exceso de peso le impidió tener éxito en su intento de saltar la barrera para perseguir a las presas: Se abrió de patas.
Estéticamente parecía descomarcado, apariencia que realzaba una encornadura abierta, algo acapachada y con pitones tan trabajados que bastó un remate en tablas para que el derecho se escobillara completamente. Dijeron pesaba 670 kg. y no le andaría muy lejos, aunque los 70 kg. le durarán poco, por haber sido conseguidos forzando la curva de engorde, circunstancia que le favorecerá al aligerarle y aumentará su peligro el Martes de la Peña si no se le pone a punto de arte en el puente y corro del Cristo.

      Fue abroncado por las mismas razones que el sobrero, y en resumen, era un toro que en los años 60 se habría considerado paradigma de Toro Vega pero que en estos corrientes, donde nos hemos vuelto extremadamente exigentes, carece de la finura y belleza necesarias, lo que en nada disminuirá su peligro. Ojo si llega entero a la Vega y asienta cuarto de hora en los arenales, porque con los peones y jinetes desarmados puede armarla. Ojo si un torneante cae en poder del toro. ¿Cómo se le puede quitar a toro entero?. ¿Con un todo terreno?. Del primer viaje le vuelca. ¿Cómo gobernarle en la Vega sin herramientas?. Demasiadas preguntas sin respuestas porque la tontería de unos cuantos cursis puede poner en grave peligro la vida de nuestros torneantes.

La función costaba 10 euros y no les valió; resultó anodina, destacando únicamente los briosos momentos de la bajada del Toro Vega.

FOTOS

 

 

Patronato del Toro de la Vega. Tordesillas (Valladolid)