UN DÍA CON LA A.T. “ESPANTES DE FUENTESAÚCO” : REVISTA GENERAL A LOS ESPANTES.

J. Ramón Muelas García.

 


     El viernes 12 de octubre fue la fecha elegida por la A.T. “Espantes de Fuentesaúco” para desarrollar una jornada de trabajo donde valorar la actualidad de los “espantes” ; jornada a la que tuve la fortuna de acudir comisionado por el Patronato.

A.T. “Espantes de Fuentesaúco” es una asociación fundada recientemente cuyo objetivo estratégico es el estudio, ejecución y divulgación de los espantes saucanos, especialidad de nuestra tauromaquia popular cuya riqueza simbólica, exigencia táctica y moral, brillantez y capacidad de emocionar, la convierten en función ceremonial.

     Esta asociación es de las de “ora et labora”. Laboró la pasada Visitación en Prado Reguera cuando ejecutó espantes antológicos demostrando qué es la coherencia de grupo, esa virtud imposible con la que sueña todo jefe de personal sin poder atraparla; precisamente, porque exige a los individuos del grupo poseer virtudes hoy en desuso : honor, lealtad, fidelidad, amor por lo propio, un pie en el pasado y otro en el futuro, gravedad, rigor, disciplina .. En fin, lo de siempre hoy desterrado por el progreso melonero. Ese laborar heroico dio qué hablar entre la gente de la tauromaquia popular, acarreó más fama a la A.T. “Espantes de Fuentesaúco” que veinte entrevistas en televisión, y la situó de un golpe en el selecto núcleo de asociaciones cuya mira apunta a lo metafísico de la tauromaquia.

      Pasó Ntra. Sra. de septiembre, acortaron los días tanto como alargaron las nieblas y llegó el momento de orar; de repasar sin complejos los procedimientos para precisar cómo se hacen las cosas, buscar en lo hondo del sentir cómo deberían hacerse, poner –si procede- la doctrina al día, exponerlo todo ante el concejo abierto, concluir, fijar lo concluido y ejecutar. El método hunde sus raíces en el siglo X y funciona muy bien cuando el grupo es coherente y está capacitado; si no lo es o está, la cosa acaba convirtiéndose en el gallinero de Simancas.

El “ora” comenzó en el refectorio, conforme pide la costumbre; allí, a pie de fuego, bajo la viguería, tomamos asiento alineados en bancos largos, alumbramos con las mismas jarras de vino que descansan en el Museo Numantino y hablamos del año torero mientras Luis diligenciaba el cocido. Conviene precisar que Luis, además de patriarca y dulzainero-torero capaz de blandir su instrumento en la vanguardia de los espantadores, es excelente cocinero y dispone de los mejores garbanzos del mundo: Los de Fuentesaúco, con lo que huelgan mayores precisiones.

La comida de cuatro horas -tan austera como sabrosa- tenía por objetivos acrecentar la relación informal, precisar las opiniones comunes, analizar casos particulares, proponer acciones futuras y sobre todo, reforzar ese concepto que en el Colegio de Lanceros llamamos “motivación acumulada” o sumatorio de fuerzas morales que posteriormente permitirá alancear o espantar. La gravedad de la materia no fue óbice para que el Juglar Comunero alegrara la mesa -botella de anís en ristre- con “la cigüeña”, “levántate” y otras piezas de su repertorio tradicional.

      Camino del teatro Municipal donde a las siete de la tarde tendría lugar el acto público, se palpaba cierta ansiedad por saber la aceptación que los saucanos darían a la Jornada; poco duraría, pues la entrada fue excelente y además compuesta por un público al que bastaba mirar a los ojos para saber qué buscaba: motivación acumulada.

El acto estuvo muy bien dirigido por Luis Miguel de Dios, quien tras glosar los fundamentos fue dando paso a los responsables de cada parcela.

Primero, los antecedentes históricos que documentan la tauromaquia saucana en 1.603, aunque no se cite textualmente el espante; pero no se cita porque tal extremo no puede fijarse en un libro de acuerdos municipal. ¿Qué ganadero vendería si su obsesión era determinar con toda precisión cuándo el ganado pasaba a ser responsabilidad municipal?. Luego se esbozó el pasado más reciente, considerando los años 60/70 como época de esplendor, nutrida participación y ejecuciones precisas que han conducido a convertir los espantes en una seña de identidad .

Tras el planteamiento histórico, el Patronato aportó una visión exterior señalando los factores comunes de esta función con las demás funciones ceremoniales y en especial con el Inmemorial Torneo, la importancia de su conservación y divulgación por considerarla patrimonio común, la personalidad y carácter que la confiere el hecho de estar reglada con su Ordenanza y la capacidad de generar bienes inmateriales, verdadera razón de ser y perdurar.

        En la parte práctica se trató sobre las condiciones de ejecución: hermanamiento de toros y parada, caballería competente teniendo muy clara que su misión es conducir al encierro perpendicularmente sobre la línea de espantadores buscando el choque frontal; sucedido el espante, dejar reposar al encierro y comenzar. Respecto a los peones, limitarse a espantar evitando carreras, cortes, quiebros, toreo de fortuna o cualquier lance que no sea propio del espante.
La fórmula parece sencilla de aplicar; de hecho, basta con que la caballería se ciña a Ordenanza y el peonaje despliegue en su posición: atalancados, tras las tapias; espantadores, tras su línea.

 ¿Sucede así?: No. Pero la negación exige matices. Existe notable ignorancia de la Ordenanza entre muchos aficionados; simplemente, no saben –porque nadie se lo ha dicho- que el hecho de cortar al toro o citarle desde tapias va a influir en su comportamiento, de modo que cada vez resultaría más difícil integrarle en el encierro, gobernarle y celebrar el espante. Cuanto más se agite a los toros, menos probable será la conducción ordenada.

Los pesimistas pensaban que será imposible ordenar con perfección sin necesidad de recurrir a las sanciones; los optimistas, que bastará divulgar la Ordenanza para que sean los propios aficionados presentes quienes exijan su cumplimiento; todos, que es necesaria una divulgación masiva de la Ordenanza.

Especialmente interesante resultó la última parte de la Jornada, que versó sobre el futuro de los espantes y las necesidades a cubrir para que cumplan su función ceremonial: generar bienes inmateriales.
La primera necesidad es la promoción interna: Los niños deben recibir teoría y práctica, de modo que aprehendan la gran importancia de esta función tradicional por ser herencia, patrimonio que les dota de identidad, mecanismo clave en la coherencia del grupo saucano, mecanismo particular con el que mejorar su autoestima etc… Luego, deben conocer con toda precisión los fundamentos tácticos, cómo y por qué debe obrarse de un modo concreto.

       

      La segunda, es la promoción externa. Los espante son una ceremonia propiedad de la Cultura Castellana cuya conservación y ejecución es responsabilidad de la villa de Fuentesaúco. La villa responde ante todas las demás del pulcro mantenimiento de este patrimonio común; un patrimonio como Atapuerca, la catedral de Salamanca, El Museo Numantino, el Toro Vega, el Jubilo … Esa responsabilidad comienza por la divulgación, de modo que todo interesado pueda conocer detalladamente qué es un espante; sigue con el estudio de todas sus facetas, pues (poliedro de numerosas caras) ignoramos demasiado y concluye con una digna ejecución.
Un modo de potenciar la promoción consistiría en conseguir para los espantes alguna calificación oficial que repercuta en su divulgación, tal y como la calificación Patrimonio Cultural Inmaterial, Interés Turístico etc .. Aunque el objetivo capital sería obtener la calificación “Espectáculo Taurino Tradicional”.
¿Cómo documentar 200 años de antigüedad?. Atrás se expuso la imposibilidad de hallar documentación directa, pero tal vez sea posible seguir una vía indirecta, utilizando los protocolos notariales del Archivo Histórico Provincial previa identificación de los notarios públicos barrocos que sirvieron en el ayuntamiento; tal vez  sea posible hallar en ellos cláusulas de contrato de compraventa donde se detalle la responsabilidad económica en el caso de espantar el encierro. Ruta larga, difícil, cara y que –salvo golpe de fortuna- exigirá un trabajo sin desmayo, pero ruta al fin.

Aprovecho para hacer una llamada a los que hayan trabajado en contratos de compraventa de ganado bravo durante los siglos XVI y XVII, rogándoles comuniquen la información disponible a la A.T. “Espantes de Fuentesaúco”, bien a su web, bien a ésta del Patronato, pues harán un gran servicio a nuestra tauromaquia y a nuestra Cultura.

       También se analizaron los obstáculos que pueden aparecer en el camino citado y que básicamente son los mismos con los que topa la tauromaquia: Enemigos políticos, cuya cara pública son los grupos animalistas. Abominan de la tauromaquia por abominar del humanismo, dado que éste hace del hombre -y no del Estado- el centro del sistema.
Gobernantes tibios, a veces totalmente desconectados de nuestra realidad cultural, cuando no afectados por el síndrome de Estocolomo o el complejillo del “qué dirán los señores forasteros”. Generan legislaciones morunas cuyo resultado práctico es dificultar la celebración merced a cargarla con exigencias tan innecesarias como costosas; de paso, fuerzan a los ayuntamientos a gastar lo que no tienen para dar bicoca a los “colegios” varios, desde arquitectos hasta veterinarios.
Medios de comunicación capaces de manipular la información con tal de generar noticias atractivas para unos clientes aculturizados, en frecuente contradicción interna, escépticos por hedonistas y hedonistas por escépticos, para los que la tauromaquia popular es el espejo que refleja su ruina moral y en consecuencia, tratan de destruirle.
Cierto sector de la tauromaquia de montera que a lo Moctezuma, piensa salvar su cabeza sacrificando a los hermanos de talanquera en el ara del diosecillo progresista, manifestando con semejante actitud tanta ignorancia como inmoralidad y cobardía.

Evidentemente, se propusieron los métodos para superar tales obstáculos, significando que el principal es cultivar la fuerza moral o motivación acumulada.

Tras la proyección de un magnífico video sobre la materia, se abrió el concejo donde los aficionados propusieron mejoras, matizaron posturas y sobre todo, manifestaron que es inmensa su convicción. ¿Cabe mejor colofón?.

Conclusión. La Iª Jornada fue un éxito en toda regla; nada que ver con las típicas (y aburridísimas) “charlas taurinas”, nada que ver con el hacer por hacer. Puro rigor científico, aunque formalmente difiriéramos poco de un clan celtibérico o una parroquia altomedieval, se analizó de dónde se viene, como se está, hacia dónde se va, por qué se ha de ir hacia ahí y cómo se ha de ir, aprovechando a mayores para sinergizar el grupo, motivarle y adoctrinarle.    

Patronato del Toro de la Vega. Tordesillas (Valladolid)