Texto : J. Ramón Muelas García
Foto: Ana Blanca Bartolomé & Isaac Galván & Gema Losada
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El Jueves de la Peña 18 de septiembre, se corrieron a la una del mediodía cuatro hermosos – e inagotables- toros marca de la casa para que niños y chicos también tuvieran ocasión de mostrar sus habilidades frente a los de negro. Juan Antonio Abril, responsable de organizar dicho encierro, no esperaba una asistencia masiva, pues a tenor de la escasa chiquillería que seguía a gigantes y cabezudos, parecía que la gente menuda también se reponía en la cama de la intensa Peña 2.008. Falsa apariencia. Daba la una el reloj de Santa María cuando comenzaron a aparecer -cachava en mano- al modo de los tordos; primero, los individuos de reconocimiento; luego, el grueso de la panda. Teléfono móvil. - Que dan pegatinas del Patronato!. - Incierro! Incierro Incierro!. Quienes tenían chicos pequeños incapaces aún de andar, pensaron que los fundamentos deben aprenderse durante los primeros años, de modo que también salieron a la calle y al final, lo que iba a ser un encierro para 50 chicos, se convirtió en un pequeño Martes de la Peña. Los cuatro toros se santiguaron rogando a la Virgen de la Peña les protegiera de la euforia infantil, pues los chicos veían toros-toros y obraban cual si tal fueran, echando capotes de Simancas, haciendo temblar el suelo con sus cachavas justo en el lugar donde la Reina Dª Juana les echaba monedas hace 500 años. Salió ahilado el encierro San Antolín adelante. Salieron los de los bares. Salieron los de las limonadas. Salieron tantos, que del Foraño al Palacio podía verse evolucionar a los toros cercados por pasillo humano; rodeados, empujados, cortados, saltados, toreados, quebrados, atropellados ... los chicos pasaban de lo virtual a lo real sin solución de continuidad. A Diego le sudaban hasta las gafas. Jose Carpita, imponía más respeto, al llevar un bicho con cornamenta auténtica de cuatreño. Andoni giraba y giraba tratando de espantar la osada nube. Jose no paraba –Santa María adelante- de musitar : “No se cansan, no se cansan”. Pese a la notabilísima resistencia del ganado, al fin tuvieron que darse un respiro. Se agruparon en el rincón al sombrío de la plaza, bebieron, trataron de tumbarse; imposible. - Incierro! Incierro Incierro!. Y otra vez a correr. A las dos y cuarto se enchiqueró el ganado pese a las protestas del pequeño público; público de afición insaciable; público que es nuestro relevo; futuro sólido ya consolidado. Decía un antiguo autor castellano que nada cala tan hondo en el ánima como lo vivido durante la infancia al pie de los mayores. Si esa vivencia es además varonil: ¿Hasta dónde llegará el impacto?. ¿Hasta tomar una lanza?. Ese es el final de una andadura de sueños de hidalgos; sólo para elegidos, pero también sólo posible si se inicia el camino. Acababa la Peña 2.008 con lo mejor que podía hacerse: sembrar la Peña 2.020. Llegan otra vez las tardes de invierno; la escuela anodina de más inglés que matemáticas; de más deporte que filosofía; de más estar que ser. A alguno de estos chicos les preguntará la seño: - Qué has hecho este verano? Y tan feliz como –probablemente- imprudente responderá. - Correr el incierro del Patronato! Chicos de Villalpando, Simancas, Villalar, Medina, Tordesillas ... Con qué dignidad se cuelan entre talanqueras!; Con qué velocidad son expulsados!. Con qué diligencia cambian de asentamiento para volver a asomar!. Chicos de Castilla. Incorregibles (gracias a Dios). |