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El día de San Agustín, el doctor de la iglesia católica hijo de santa Mónica, estuvimos en Toro para presenciar la corrida de toros organizada por la empresa de Carlos Zúñiga, adjudicatario del coso del Canto por concesión administrativa municipal. Tres cuartos de plaza demasiado cortos fue el aforo que contabilizamos para presenciar la lidia de seis ejemplares de la ganadería de Sánchez Urbina, flojos y con escasas fuerzas en general, aunque nobles con los toreros a excepción del corrido en último lugar que casi dio un susto al torero local Leandro Marcos, el cual a la postre se erigió en vencedor de la terna, siendo sacado a hombros por el costalero de turno. Llegamos a Toro y, al poco pudimos saludar al bueno de Andrés Zarzuelo, uno de los compañeros de mili del mismo Carlos Zúñiga, padre, el empresario organizador del festejo; al encerrilero de Gijón, natural de Tordesillas “Cali” a quien acompañaba su esposa Montse y a nuestro buen amigo Jesús “Mon” el de Medina del Campo, ex concejal de festejos de la Villa de las ferias; también saludamos a Manolo Sánchez al entrar al coso quien presenció desde el callejón la corrida y ayudó a las cuadrillas recogiendo con sus propias manos las banderillas sobrantes y para evitar que nadie se picara con el arponcillo. Porque Manolo lleva el torero y la solidaridad en su propia sangre. Y a la peña taurina de la Verónica que se encarga del arrastre de los toros y de asentar el ruedo, a los que retraté al entrar porque me invitaron a dar una conferencia del Toro vega en su pueblo, aunque esta vez me quedé sin bollo “preñao” de merienda. En la presidencia las damas de honor, miembros de la Corporación municipal y al lado la banda de música de Toro que silenció sus instrumentos durante un minuto de silencio en memoria de las víctimas toresanas en el accidente de aviación de Barajas. Tras el emotivo tiempo en el que todos callaron, una ovación espontánea fue seguida por la totalidad de espectadores. En la corrida ya habría que destacar la finura, la elegancia, el bien estar de César Jiménez; el oficio sincero de Uceda Leal y el valor, la entrega y el toreo de Leandro Marcos, el torero de Villafranca criado en Toro y que dicen es natural de Valladolid por aquello de ser Villafranca la última de las poblaciones de nuestra provincia. En el último de la tarde, Leandro sufrió un achuchón que solventó con gallardía y estimación orgullosa. La res le propinó un varetazo en una de sus piernas y además le desgarró prácticamente toda la pernera del pantalón. El susto recorrió los tendidos pero al ver de nuevo la entrega y el mando con el que Leandro ordenaba a su cuadrilla quedarse quieta, la ovación fue más estruendosa si cabe. Ese toro, el último de la tarde, lo había brindado al alcalde de Toro, Jesús Sedano, presente en una de las gradas entre el público. Por lo demás decir que la tarde pasó entretenida, sin mayores sobresaltos y acabando con el apretón de manos a modo de despedida y hasta la próxima que dimos a los Zúñiga, padre e hijo, dándose las gracias por las atenciones tenidas para con quien esto escribe.
PLAZA DE TOROS DE TORO.Feria de San Agustín. 6 toros de Sánchez Urbina, sin fuerza aunque nobles para UCEDA LEAL, oreja y ovación CÉSAR JIMÉNEZ, ovación y oreja LEANDRO MARCOS, dos orejas y oreja. Leandro salió a hombros del coso taurino.
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