El fresco amanecer del 15 de
Agosto tenía algo de particular e imposible de captar con una cámara
de fotos. No sólo era esa luz rasa y rosa que teñirá -a vísperas- la
luna roja de Nuestra Señora; ese muermo del Duero capaz de vivificar
momias; ese relumbrar de riberas alargando sombras ..... Era una
intuición que los criados en la Tierra conocen bien. Como los toros,
en ciertos días somos capaces de detectar metafísicas feromonas; de
adivinar –sin saber cómo- que el día es fasto; de ceremonia con algo
de fiesta; día señalado, en fin, en el gran calendario castellano.
Íbamos a correr los toros de
Nuestra Señora a Tudela; la villa vaccea que hace cinco siglos, para
desesperación de obispos, usaba el cementerio como toril por intuir
que vivos y muertos, nos unimos estos días especiales practicando
las antiguas ceremonias y que esa unión mediante la práctica de la
tradición, constituye la mayor de las satisfacciones.
Tudela. Blanca de
sillar, verde de ribera.
Caserío, Duero,
puente; de cierre, el Humilladero de la Quinta Angustia. Sobre todo,
el toro.
Entre la asociación
taurina UNAT y el ayuntamiento tenían preparado cumplido “Toro
del Alba”; o por mejor decir, varios toros del alba.
Cohetes sobre las
mamblas. Los emula un hecho verdugo de Pérez Tabernero, tomando
carrera para desaparecer al punto.
Luego, otro de
Valdefresno, zaíno por negro y zaino por intenciones. Serio hasta
dar en grave. Toro pasado por la prensa, parece tan ancho como alto.
Es toro de plaza, extrañador de calles, desconfiado y sabio.
Enemigo declarado de
atalancados comenzó los ataques antes de llegar al puente derrotando
contra las talanqueras que le parecían más frágiles. Cosas de la
edad : talanquera fuerte, amago; talanquera de noli me tangere,
arreón. Abolla la chapa de protección, descuajaringa larguero y
puntal, resisten como pueden los atalancados, replegándose un par de
metros si el derribo parecía inminente y regresando a la posición
cuando el toro retrocedía para tomar resuello. Napoleón disfrutaría
observando el pulido orden de las retiradas; sin voces ni
aspavientos; sin precipitaciones, con la cabeza puesta en regresar.
Pura, precisa y fría táctica.
Sigue el toro. Cruza
de mala gana el puente; muy despacio, amagando a los cortadores; sin
emplearse con franqueza, pues sabe que su configuración no le
permite florituras. Continúa ensayando el procedimiento operativo
para levantar de una santa vez la talanquera, incordiado por los
cortadores que tratan de hacerle desandar lo andado y así transcurre
el tiempo hasta que el bicho llega al final de la carrera; allí, una
talanquera perpendicular cierra el paso y allí, decide utilizar el
saber acumulado.
Pocos atalancados
tras la talanquera de cierre; la mayoría, gente del orden y
empleados municipales. Junta los ojos chinescos, arremete resuelto
contra el ángulo formado por las dos talanqueras. Golpe seco. Ruido
de metal arrancado. Vuelan los dos paños de talanquera para caer uno
sobre cada flanco del toro, quien, impertérrito, se encampana ante
el éxito.
Salimos volando del
territorio que nos ha ganado –de momento- para buscar refugio; sin
codazos, agarrones ni precipitaciones y vemos cómo el toro se dirige
trotando al humilladero, mientras bambolea su cabezorro como si
asegurara que él no es ningún hereje protestante pues, aunque
tarde, va el quince de Agosto a los laudes de Nuestra Señora.
Cosa de cincuenta
peones salimos tras él mientras penetraba en erial cercado por
alambrada.
Cuánto importa el
tipo de suelo!. Los andares cansinos sobre asfalto se han convertido
en movimientos precisos con el discurrir de la acción.
Ahora es nuestro
amigo de negro quien se retira con orden. No corre : retrocede
vigilante; de vez en cuando vuelve, se encara, levanta entre leve
polvareda e impone respeto amagando darnos contraataque; claro que
el peonaje –ligero, valeroso y veterano- sabe muy bien qué hacer.
Cierra los flancos a la distancia exacta y si alguno llama, lo hace
de modo que la salida quede hacia las afueras del caserío.
Un pinarillo. Los
hombres se recortan sobre la divisoria cual pinos vivos. Algo ha
cambiado, porque ahora el toro parece saber hacia dónde dirigirse y
cesa en las encaradas. Efectivamente : feromonas; ahora a pelo, sin
metafísicas. El olfato químico del toro ha detectado las señales de
sus congéneres y se dirige seguro a la plaza de toros sita al
arrabal de Tudela.
No hace falta
invitarle, basta abrirle para que entre al ruedo seguido de la
compañía, quien a modo de recompensa, se encuentra con particular
toro de las once sobre coso vacío.
El caso fue
aprovechado por los cortadores para acabar de sacar al de
Valdefresno lo que tenía.
Y regresó la
parroquia a la villa en alegre columna, comentando los recios y
buenos lances habidos.
El Tío Fogato, aquel
piñero al que iban a dar una paliza por ir a pedir los toros a
comienzos del pasado siglo, sabiendo lo de las prohibiciones,
brincará de contento.
Del tercer toro – un
Sepúlveda- baste con decir que salió como el Toro Vega del 2.007, de
modo que en la zona del puente únicamente vimos los deambulares de
dos cabestros.
Hora de parva y
resumen: Mañana de toro corrido popular en su verdadero y pleno
sentido. Toros, que no novillos. Calle, carreras, cortes, vallas al
aire, atalancados de sillar, herreñales, pinares, orden en lo
imprevisto, claridad en las decisiones, riesgo compartido y asumido
en el día fasto de Nuestra Señora, cuando las feromonas metafísicas
nos llaman a los hombres desde el interior del tiempo, nuestro
olfato químico las capta y cumplimos a la tradición para hallar
luego al pie de un vaso de vino esa satisfacción tan anhelada por
muchos como aprehendida por pocos, empeñados en buscar fuera lo que
se halla dentro de uno mismo.
No es de justicia
terminar sin reconocer la excelente organización a cargo de UNAT y
el ayuntamiento de la villa.
Seguiremos con la
novillada, si Dios quiere.