EL PATRONATO EN TUDELA DE DUERO.

texto y foto : J. Ramón Muelas García

 

TARDE DE TOROS EN TUDELA

El fresco amanecer del 15 de Agosto tenía algo de particular e imposible de captar con una cámara de fotos. No sólo era esa luz rasa y rosa que teñirá -a vísperas- la luna roja de Nuestra Señora; ese muermo del Duero capaz de vivificar momias; ese relumbrar de riberas alargando sombras ..... Era una intuición que los criados en la Tierra conocen bien. Como los toros, en ciertos días somos capaces de detectar metafísicas feromonas; de adivinar –sin saber cómo- que el día es fasto; de ceremonia con algo de fiesta; día señalado, en fin, en el gran calendario castellano.

Íbamos a correr los toros de Nuestra Señora a Tudela; la villa vaccea que hace cinco siglos, para desesperación de obispos, usaba el cementerio como toril por intuir que vivos y muertos, nos unimos estos días especiales practicando las antiguas ceremonias y que esa unión mediante la práctica de la tradición, constituye la mayor de las satisfacciones.

 

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Tudela. Blanca de sillar, verde de ribera.

Caserío, Duero, puente; de cierre, el Humilladero de la Quinta Angustia. Sobre todo, el toro.

Entre la asociación taurina UNAT y el ayuntamiento tenían preparado cumplido “Toro del Alba”; o por mejor decir, varios toros del alba.

Cohetes sobre las mamblas. Los emula un hecho verdugo de Pérez Tabernero, tomando carrera para desaparecer al punto.

Luego, otro de Valdefresno, zaíno por negro y zaino por intenciones. Serio hasta dar en grave. Toro pasado por la prensa, parece tan ancho como alto. Es toro de plaza, extrañador de calles, desconfiado y sabio.

Enemigo declarado de atalancados comenzó los ataques antes de llegar al puente derrotando contra las talanqueras que le parecían más frágiles. Cosas de la edad : talanquera fuerte, amago; talanquera de noli me tangere, arreón. Abolla la chapa de protección, descuajaringa larguero y puntal, resisten como pueden los atalancados, replegándose un par de metros si el derribo parecía inminente y regresando a la posición cuando el toro retrocedía para tomar resuello. Napoleón disfrutaría observando el pulido orden de las retiradas; sin voces ni aspavientos; sin precipitaciones, con la cabeza puesta en regresar. Pura, precisa y fría táctica.

Sigue el toro. Cruza de mala gana el puente; muy despacio, amagando a los cortadores; sin emplearse con franqueza, pues sabe que su configuración no le permite florituras. Continúa ensayando el procedimiento operativo para levantar de una santa vez la talanquera, incordiado por los cortadores que tratan de hacerle desandar lo andado y así transcurre el tiempo hasta que el bicho llega al final de la carrera; allí, una talanquera perpendicular cierra el paso y allí, decide utilizar el saber acumulado.

Pocos atalancados tras la talanquera de cierre; la mayoría, gente del orden y empleados municipales. Junta los ojos chinescos, arremete resuelto contra el ángulo formado por las dos talanqueras. Golpe seco. Ruido de metal arrancado. Vuelan los dos paños de talanquera para caer uno sobre cada flanco del toro, quien, impertérrito, se encampana ante el éxito.

Salimos volando del territorio que nos ha ganado –de momento- para buscar refugio; sin codazos, agarrones ni precipitaciones y vemos cómo el toro se dirige trotando al humilladero, mientras bambolea su cabezorro como si asegurara que él no es ningún hereje protestante pues, aunque  tarde, va el quince de Agosto a los laudes de Nuestra Señora.

Cosa de cincuenta peones salimos tras él mientras penetraba en erial cercado por alambrada.

Cuánto importa el tipo de suelo!. Los andares cansinos sobre asfalto se han convertido en movimientos precisos con el discurrir de la acción.

Ahora es nuestro amigo de negro quien se retira con orden. No corre : retrocede vigilante; de vez en cuando vuelve, se encara, levanta entre leve polvareda e impone respeto amagando darnos contraataque; claro que el peonaje –ligero, valeroso y veterano- sabe muy bien qué hacer. Cierra los flancos a la distancia exacta y si alguno llama, lo hace de modo que la salida quede hacia las afueras del caserío.

 

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Un pinarillo. Los hombres se recortan sobre la divisoria cual pinos vivos. Algo ha cambiado, porque ahora el toro parece saber hacia dónde dirigirse y cesa en las encaradas. Efectivamente : feromonas; ahora  a pelo, sin metafísicas. El olfato químico del toro ha detectado las señales de sus congéneres y se dirige seguro a la plaza de toros sita al arrabal de Tudela.

No hace falta invitarle, basta abrirle para que entre al ruedo seguido de la compañía, quien a modo de recompensa, se encuentra con particular toro de las once sobre coso vacío.

El caso fue aprovechado por los cortadores para acabar de sacar al de Valdefresno lo que tenía.

Y regresó la parroquia a la villa en alegre columna, comentando los recios y buenos lances habidos.

El Tío Fogato, aquel piñero al que iban a dar una paliza por ir a pedir los toros a comienzos del pasado siglo, sabiendo lo de las prohibiciones, brincará de contento.

Del tercer toro – un Sepúlveda- baste con decir que salió como el Toro Vega del 2.007, de modo que en la zona del puente únicamente vimos los deambulares de dos cabestros.

Hora de parva y resumen: Mañana de toro corrido popular en su verdadero y pleno sentido. Toros, que no novillos. Calle, carreras, cortes, vallas al aire, atalancados de sillar, herreñales, pinares, orden en lo imprevisto, claridad en las decisiones, riesgo compartido y asumido en el día fasto de Nuestra Señora, cuando las feromonas metafísicas nos llaman a los hombres desde el interior del tiempo, nuestro olfato químico las capta y cumplimos a la tradición para hallar luego al pie de un vaso de vino esa satisfacción tan anhelada por muchos como aprehendida por pocos, empeñados en buscar fuera lo que se halla dentro de uno mismo.

No es de justicia terminar sin reconocer la excelente organización a cargo de UNAT y el ayuntamiento de la villa.

Seguiremos con la novillada, si Dios quiere.

 

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Patronato del Toro de la Vega. Tordesillas (Valladolid)