LA FERIA DE ÍSCAR, EL ÉXITO AL ESFUERZO

Texto y fotos: Jesús López Garañeda

EL PATRONATO EN ÍSCAR

Iscar, la llamada Villa maderera de la provincia vallisoletana, en el corazón de la Tierra de Pinares que determinó la tradicional dedicación de sus habitantes al trabajo artesano de la madera de pino, abrió sus puertas festivas en honor de San Miguel Arcángel su patrón, trasladado en sus funciones populares a primeros de agosto desde 1967.  Unas fechas estas del estío agosteño más apropiadas para ver y correr toros, conocer más de cerca a las gentes que comparten su vida en nuestra cercanía y codearse con aquellos a quienes hacen del ganado bravo su propia existencia. Tal es el caso del espada Manolo Sánchez, que tuvo la fortuna de ser nombrado mejor torero por la Federación Taurina allá por el año 2000, protagonista de nuestra historia y de nuestro reportaje.

 En las fiestas de agosto Íscar  es el centro de atención de muchos visitantes y ahí los toros tienen un papel preponderante: El concurso de cortes de novillos y el vistoso desfile de pandas, pone en marcha los cinco días en los que encierros, capeas, corridas de toros, junto con las verbenas en la Plaza Mayor y la alegría y colorido de las peñas completan un abanico de colores. En su coso taurino, de propiedad municipal, la empresa regentada por Manolo Sánchez fue la adjudicataria y encargada para organizar sus fiestas de toros, las grandes corridas con que esta Villa obsequia a todos los aficionados al traer a las máximas figuras del toreo en cada momento. En esta ocasión recordar las dos primeras corridas de toros celebradas en el mes de junio para abrir boca e inaugurar la cubierta del coso, con  Ponce, Cayetano, Amador, Leandro, Conde o el propio Manolo Sánchez a los que se han unido ahora los Perera, Castella, El Cordobés, Rivera, Gallo o los rejoneadores Hermoso de Mendoza, Sergio Galán o Fermín Bohórquez... Un elenco de hombres que tienen en su propia vida la integración con la fiesta de toros pero que también a la sombra augusta del Castillo y del campanario de la Iglesia de Santa María de los mártires o la de San Miguel, desde donde se abre el portón de los toros para que corran el encierro por las calles de la Villa, recorren sus calles y catan sus platos gastronómicos, generosos, cálidos y abiertos, beben sus vinos o comparten con las peñas el jolgorio de estos días festivos. Para todo hay tiempo.

Además de llevar dieciséis años de alternativa cuando Roberto Domínguez le doctoró en la plaza de toros de Valladolid, actuando como testigo Espartaco, cediéndole el toro “currito” de Núñez del Cuvillo, Manolo ha entrado en este apartado tan importante como es el de la organización de festejos taurinos en las plazas de toros, lidiando esta vez con apoderados, ganaderos y periodistas para servir al público y a la vez vivir de la profesión que siempre le ha gustado. Honrado a carta cabal, Manolo ha sabido dar con la clave de una feria, la de Íscar, prototipo y ejemplo este año sin duda alguna para todas aquellas plazas de su categoría que se precian de facilitar espectáculos en los que la relación calidad- precio es la idónea.

Ha sido, y es hasta la fecha, el éxito del esfuerzo personificado en Manolo Sánchez y su empresa adjudicataria MOSANMASA S. L.. Él cumple estrictamente con el contenido del pliego municipal, da de su sabiduría, pone su trabajo, empeña su popularidad, ofrece con generosidad y mejora y hace que todos nos sintamos a gusto, atendidos en su oferta de ocio. Destaco sobremanera el hecho de que quienes han sido “cocineros antes que frailes” entienden los gustos del público, aúnan categorías y cumplen con vehemencia lo estipulado. Eso es propio de los hombres de palabra y obra, y uno de ellos es Manolo Sánchez, el torero de Valladolid. ¡Bien maestro!. Eso es luchar por la fiesta de toros con obras y no tanto con palabras.

PICA EN LAS IMÁGENES

 

Patronato del Toro de la Vega. Tordesillas (Valladolid)