“LOS NOVILLOS” 2.008 DE LA SECA

Texto : J. Ramón Muelas García

Foto Gerardo Abril & Jose Carpita

El viernes 1 de agosto comenzaron “Los Novillos” de La Seca.

La novedad de este año es el hallazgo de documentación que permite demostrar la existencia de toros corridos en la villa hace 350 años; claro que una cosa es lo escrito en papel y otra, la realidad histórica.

Aunque los accidentes sufridos por la documentación eclesiástica y municipal no permitieran retroceder más en el tiempo, poco arriesgaríamos afirmando que La Seca corrió toros desde el s. XVI, cuando fue consolidando su núcleo de población.

Sus buenos prados fueron durante el barroco estación de invernia donde pastaban los toros bravos de los Enríquez medinenses y los Reguilones tordesillanos; desde allí emprendían la marcha trashumante hasta las dehesas zamoranas. ¿Cómo no iba a haber cesto con tales mimbres?.

El hecho de ser una villa moderna; es decir, conformada a partir del 1.500, ha impedido cuajar alguna advocación religiosa en cuya honra correr los toros, ya que San Isidro –voluble santo- y la Virgen de la Paz, festejada en Enero, resultaban poco aparentes por celebrarse en tiempo impropio.

La pragmática afición lasecana ha resuelto su carencia de antecedentes medievales titulando su fiesta como “los novillos” y así, cuando clarea agosto, allí se reúnen los toreros de la comarca atraídos por la plaza atalancada, la calidad del género que sueltan y el ambiente festivo de la villa.

Huelga decir que aparcar fue un problema, aunque eso ya se va asumiendo como normal : donde se corran toros o vas una hora antes, o aparcas en el cementerio.

También huelga decir que el lleno era completo cuando la reina, su dama y galanes inspeccionaron la carrera llevando a retaguardia la charanga “Aires del Pisuerga”, incansables músicos.

Las nueve. Tres cohetes. Exquisita puntualidad. Tres bueyes salieron a su aire desde la plaza buscando calle arriba a los toros sosegadamente; tan quietos como la tarde.

Respiraba el trío bucólica paz, cual si hubieran escapado de alguna égloga pastoril escrita por el cursi de Jovellanos. Caso insólito, contagiaron a corredores y atalancados, brillando por su ausencia la tensión previa a la suelta y así, atontados, bebíamos el néctar amarillo del crepúsculo, cuando un “que vienen!” nos puso en el sitio.

Vaya si venían! Cayeron por el centro de la calle como una ráfaga bien disparada : Primero, soberbio y lucido jabonero; luego, un barroso de bello trapío y cerrando la procesión –más hurgador de talanqueras- un rojo galgueño.

Veinte segundos, veinte, para hacer la carrera.

Correrlos era imposible; ni aún haciendo saca entre los atletas Pekín habríamos hallado carrerista capaz de toserlos el abrigo : volaban.

Ya en la plaza, el jabonero marchó a la posada. El barroso y el rojo no, deambularon el cuadrilátero arrancando a quien se tomara con ellos liberalidades y dando trabajo a los voluntariosos vaqueros. Las vueltas que dieron hasta encerrar!.

Como lance curioso, el tenido por dos aficionados encaramados a la basa de la farola que alumbra el centro de la plaza. Desde esa muralla –un tanto justa- tantearon al rojo con piernas, mano y vara. Buscaba el bicho modo de tomarles el castillo o al menos arrancar a alguno del almenar; pero aquellos astutos aficionados se remediaron y compusieron con tal astucia que hicieron primero dudar al toro; luego, le aburrieron hasta que fracasado, levantó el asedio y  marchó a sus menesteres.

 

Sábado 2 de agosto se corrió el Toro del Alba, función de interés porque no hay la masificación del día anterior y la abundancia de espacios permite torerías.

Es toro para cortadores y muy especialmente para toreros de fortuna, pero tradicionalmente ha dado también gustos y disgustos a los atalancados. Tal vez sean los huecos entre tablas y la luz inclinada de las 8 de la mañana quienes potencian las ansias del toro, su resolución visual, precisión, agilidad y método; lo que sea, obliga a estar prevenidos.

No faltó a la costumbre. Salió haciendo hilo; eligió paraje ... y adentro!. Ya estaba el toro dentro de la empalizada, bajo los tablados; claro que los muy hábiles atalancados poco tardaron en cederle corteses el terreno, saliendo a la arena ordenadamente excepto uno que cayó, aunque el asunto no pasó a mayores . Más compromiso se dio cuando el toro hizo amago de subir escaleras adelante con idea de darse una vuelta por los tendidos. Menos mal que se lo pensó dos veces, deshizo lo andado y dejando plaza, tomó calle.

Allí le esperaban los toreros de fortuna armados con sus útiles y frescos como la mañana para dar una sucesión de quiebros al trapo entreverados con cortes a pecho y alguna carrera, porque el toro tenía cuerda; incluso para derrotar en talanqueras y además, aprendía, complicándose la lidia cada vez más..

Se guardó a eso de las nueve, finalizando así un movido Toro del Alba que dio materia de conversación para las parvas.

 

 

 

Patronato del Toro de la Vega. Tordesillas (Valladolid)