Durante el fin de semana se corrieron en
Matapozuelos los toros de la Magdalena.
El viernes 25 a las
once de la noche había una gran expectación para ver al “Toro de la
Torre”, ejemplar de notable presencia que reunió a numerosos
aficionados; tantos, que para aparcar había que salir del pueblo.
La suelta,
impecablemente organizada, supo a poco, pues el toro se agrupó con
la cabestrería y llegó a la plaza sin prestar ninguna atención a
corredores y atalancados.
El sábado 26 volvió
a soltarse a las calles presentando parecido comportamiento, aunque
dio alguna arremetida. Se complementó con encierro de alguna vaca.
Ya en la plaza de
toros, el suelo de arena le facilitó sus movimientos y se arrancó
contra los cortadores. El toro sabía latín, de modo que los lances
tenían mucha dificultad y pedían elevadas velocidades e ideas muy
claras.
Se vieron cortes de
mérito; especialmente cuando se entraba por el cuerno izquierdo,
pues en tal caso, bien por problemas de vista, bien por haber
aprendido, el toro se vencía cortando el viaje y amagando invadir la
salida del cortador.
Estos notables
cortes fueron aplaudidos por un entendido público y valorados en
razón a su dificultad.