Para regalo del
aficionado exponemos esta colección de fotos obtenida por el
fotógrafo taurino medinense Juan Carlos Anderson, una de las
distinguidas cámaras que entre polvaredas y talanqueras anda a la
búsqueda de capturar lo esencial del toro corrido popular.
Hizo buena parva en
Arévalo reflejando el trepidar de la caballería, la velocidad de las
acciones y sobre todo, la espera interminable de los atalancados
cuando ronda el toro (magnífica la foto arv05), respondiendo al
peligro inminente con una sonrisa, la enigmática sonrisa del
atalancado; seña de afirmación, reflejo del orgullo castellano e
incomprensible para quien no sepa de qué va el negocio.
¿Reír cuando en
cualquier momento puede salir volando el trampantojo?. Sí, pero reír
a lo grave, como manifestación de firmeza interior, con una
tipología a la que Aristóteles hubiera dedicado el primer capítulo
de su Libro de la Risa (si alguna vez existió). No ríen
porque se diviertan; ríen por la satisfacción que les causa dominar
los miedos, porque consideran tal actitud virtuosa. ¿No aseguraba
Aristóteles en Ética a Nicomaco que la felicidad está en la
virtud?. Pues entonces... de Arévalo al Cielo!. Al Rincón de San
Lucas, que allí -dice el cura torero de cierta villa zamorana- hay
encierro todas las mañanas. Si el Estagirita hubiera podido ver
estas fotos!.
Tampoco le fue mal a
Juan Carlos en Villaverde, capturando la luz de Julio -casi fuego-
realzada en los lomos de los novillos rojos y los alegres toreros
del cinorrio donde Marcos y Mari citan tan contentos y sucede el
corte en la puerta de tu casa.
Que disfrute el
aficionado de esta excelente colección.