EL PATRONATO EN EL MADERAL

Texto : J. Ramón Muelas García
Foto : Jose Carpita

Ya sabe el aficionado que el Maderal es una pequeña villa zamorana de 300 vecinos reforzados en estas fechas por los que andan fuera y por los forasteros que vamos a sus toros.

También sabe que la villa hace notable esfuerzo para traer curioso ganado en la Magdalena y atalancar su movidísimo recinto urbano y que precisamente, es la naturaleza abrupta del solar donde asienta la villa quien permite correr los toros en un marco casi de montaña.

Afición, ganado digno y terreno variado; tres principios que mezclados con la libertad conveniente para lancear, confieren a esta función personalidad, así que poco a poco, cada año tiene más parroquianos.
Había mucho qué observar la mañana clara del 19 de julio. Por ejemplo, práctica sobre toma y abandono de querencias : el toro se zambulle bajo árbol de grueso tronco y cerrada hojarasca. Ni se le ve. Desde allí vigila esperando sin hacer caso a los cites; parece que nunca va a salir y de pronto, se echa encima de la cámara de Jose Carpita, quien –cuerpo a tierra- esperaba la ocasión. Da una mano a talanqueras de mucho ruido y pocas nueces, pues los atalancados, veteranos, las sujetan sin inmutarse. No habiendo negocio, cambia de paraje a paso galguero.

El nuevo marco es abrupto; cuesta, bodega, pasillo estrecho, alambradas, postes y tapia por la que asoman los pámpanos exuberantes de una parra. Obstáculos que bien aprovechados permiten lancear con ese sabor tan particular de lo excepcional.

Una pareja se encarama a exigua acacia mientras otra prefiere el poste de la luz; al tiempo, la trinchera natural que da entrada a una bodega, sirve como barrera de sol. Comienzan los cites de toreros populares; desde el mozo brazos en alto hasta la señora que tira de chaqueta; incluso de muleta, alguna veterana más aventajada.

También sirve la cachaba o ¿por qué no?, la ramita microscópica –varita mágica- con que cita convencido un aficionado de Pollos.

En éstas, el cortador de Brihuega cuartea, contacta y le cruza la espalda el torbellino de polvo. Circula el toro encarándose ahora con los del poste. Levanta la cara, mide, husmea; pero no llega por centímetros.

Cansado de impotencias, busca parajes de verano marchando hacia las trillas, donde la paja recién segada parece naranja al sol del mediodía. Va haciendo hilo por si cae algo, seguido a retaguardia por pequeña corte de corredores; pero lo tiene difícil : está casi podido.

Divisa veteranísimo atalancado a horcajadas sobre la cumbre de talanquera; le hubiera bastado empujar y ... Pero el veterano atalancado tira de cachaba como advirtiéndole de que ni se le ocurra. No se le ocurre.

Otro rellano. Otro cortador que aguarda impávido la entrada del toro y le corta en un palmo.

Por fin, la última talanquera; casi despoblada, recorta contra el cielo dos o tres figuras. El toro ve luz. Se acerca. Esta es la suya. Pero en vez de salir corriendo, los elementos le llaman aislados tan seguros de sí, que el toro comprende, se rinde y decide volver a chiqueros.

Se fueron a tomar el vermú como si no hubiera pasado nada, mientras los de Brihuega marcaban en su mapa taurino : El Maderal.

Seguirán mañana.
 

PICA SOBRE LAS IMÁGENES

Patronato del Toro de la Vega. Tordesillas (Valladolid)