EL PATRONATO EN ARÉVALO

Texto : J. Ramón Muelas García
foto : Jose Carpita

Si Isabel la Católica levantara la cabeza y viera los toros que el 12 de julio se encerraron a caballo cuestas arriba y cuestas abajo por las riberas de Arévalo!

Dicen que muy presionada por su confesor fray Hernando de Talavera, propuso enfundar los cuernos de los toros para que no causaran daños. Pero los toros eran de Compasquillo, la dehesa que junto a Foncastín, el Zapardiel, Izcala, etc .. han criado fieras desde la Edad Media. Y estos no se enfundan fácilmente. Tampoco la recia afición arevalense estuvo nunca por la labor de convertir en diversión lo que es ritual.

Y así siguen. Aunque el encierro de Arévalo no se comente demasiado en el mundillo taurino, es uno de los más serios que hay en Castilla.

Los toros no son eralitos rumberos, ni utreros desechos de tienta, ni armatostes descabalados suplicando la jubilación cansados de ver corrales. Los toros de Arévalo son toros que saldrán más o menos bravos, más o menos durables, pero tienen trapío, razonable edad y unos pitones como los que vio Isabel la Católica a los toros del Compasquillo, pitones de los que espeluznan : “... De los toros, .... propuse con toda determinación de nunca verlos en toda mi vida..”

Todavía la debía durar el susto llevado en el puente de Tordesillas, cuando preñada , se encontró con un Toro Vega bajando el puente; aunque, como no podía ser de otra manera, el lancero D. Hernando de Vega bajó su arma para enfrentarse al toro y la sacó del apuro.

La mañana del 12 de Julio salieron a la fresca del río toros de Isabel la Católica.

Soltados individualmente, eran recogidos por la caballería con los cuidados que pedía el caso. Llevados a la meseta, entraban en acción los cortadores, hacia los que salió alguno de los animales rabo en alto, ojos salidos y seco bufido. Era el corte de verdad, a campo raso, sin apoyos, quien fallara ....

Si quedaba suelto y se iba a talanqueras, comenzaba la acción con griterío y cite general de atalancados, aunque según se acercaba el bicho iban despoblándose porque estas talanqueras no son para mirar seguro, sino para lancear desde ellas con un cierto riesgo : pueden salir volando si se enfada el negro.

Y así debe ser en el campo.

El aficionado sensible se solazó con el cabalgar de la caballería; bella y grave estampa. Debió poner la musa a recaudo cuando el toro bajaba lanzado haciendo hilo, difuminado en la polvareda y seguido por el peonaje, prometiendo derrotar por momentos.

El aficionado brioso corrió lo que le vino en gana y lanceó a su  sabor pero a costa de jugarse el bigote y en fin, el jinete pudo mostrar su decisión y la de la montura ante enemigo de rigor.

Serios y enjundiosos estos encierros de Arévalo; capaces de satisfacer al más fino paladar taurino tanto por el marco, cono por el ganado, como por la actitud y organización.

PICA EN LAS IMÁGENES

 

Patronato del Toro de la Vega. Tordesillas (Valladolid)