El sábado 12 de
julio se celebró en Villaverde un encierro urbano donde la mucha y
buena afición de esta villa que apenas llega a los 600 habitantes,
participó al completo junto con aficionados venidos de otros pueblos
en un encierro muy ameno.
El recinto,
perfectamente atalancado y con una jaula o cinorrio en su centro,
permitía cualquier lance.
Activos los de la
jaula, no pararon de citar y torear a los dos erales y una chota que
salieron a las calles. Lo mismo cabe decir de los otros atalancados
y toreros de fortuna.
Pero hay que hacer
especial mención de un aficionado que ignoramos por qué no le han
llevado a Pekín para traerse alguna medalla; por ejemplo en lugar de
Mayte “cipaya” Martínez. Vean las fotos que no tienen
desperdicio.
Brazos en alto, se
encara a dos erales; luego, en jarras. Arranca el toro –que éste no
fue a Pamplona-. Da un brinco nuestro agilísimo aficionado y sin
inmutarse, se planta en lo alto de una pared.
El toro, que no se lo cree,
queda mirando boquiabierto mientras el aficionado ríe a carcajadas
la ignorancia del bicho. Le muestra el periódico para ilustrarle, en
broma, como es de suponer. Pero al calor del sensacionalismo latente
en las arrugadas páginas acude el encierro entero mientras gustan la
broma atalancados y cortadores.
Luego se soltaría en
la plaza, aunque sin duda lo mejor del encierro estuvo en las
aguerridas talanqueras.
Villaverde de
Medina. Sencillo, cumplido y amable encierro para una villa de 600
habitantes del que podían tomar nota algunos alcaldes de Tierra de
Campos que con parecido y aún muy superior número de habitantes, son
los garbanzos negros de la provincia no dando toros en sus fiestas.