EL PATRONATO EN BURGOS

Texto: Jesús López Garañeda

Edición: Luis Miguel Rodríguez

Cuando el calendario abre los días dedicados a la advocación de San Pedro y San Pablo dos de las ciudades de Castilla y León, Zamora y Burgos, honran a sus patronos y programan las fiestas patronales en su memoria. Diversos actos lúdicos, entretenidos, amenos y participativos son programados por los respectivos ayuntamientos y dan a la gente los más variopintos momentos para su diversión.

Esta vez, tras comprar los ajos de Zamora, decidimos desplazarnos a ver dos de las corridas de la feria de Burgos, a la sazón las de más empaque y calidad, la primera por el resultado entre los toreros ante los astados de Antonio Bañuelos y la segunda por la presentación extraordinaria del ganado a lidiar, en esta ocasión de la ganadería andaluza de los Recitales. Y ello porque el torero de nuestro Patronato, José Ignacio Ramos, doblaba las veces del paseíllo: El primer día formando tercio con El Juli y Miguel Ángel Perera y la segunda convocatoria en la corrida que cerró la feria con el ciclón de Jerez, Juan José Padilla, y Antonio Ferrera.

Dos días de toros con balance más que positivo. Al margen de otras cosas dos orejas y una puerta grande el jueves 4 y vuelta con una oreja en la segunda cita. Por tanto el resumen no puede ser más halagüeño.

Ramos propinó cuatro volapiés extraordinarios, tres de ellos inmejorables, dignos de aparecer y de ser recogidos entre lo mejor de la feria.

Perera toreó como los ángeles, con sentimiento, dulzura y belleza, aunque no mató bien. El Juli hizo una faena digna al segundo de su lote para lavar la desconfianza tenida en el primero.

Los toros de Bañuelos, descompuestos en hechuras y formas, dispares, salvo el lidiado en cuarto lugar, no fueron los toros del frío a los que nos tiene acostumbrados, es decir, duros, difíciles de someter, encastados y repetidores.

Y el día de los Recitales, recital ganadero con toros en puntas, sin tocar, como deben presentarse a los aficionados. Juan José Padilla haciendo de las suyas, alardes rayanos en el esperpento por las dobleces de torso, pero muy valiente y arriesgado, lo que le abrió la puerta grande al cortar una a cada uno de los que le tocaron en suerte. Y Ferrera bullidor, alegre, brioso, puso la plaza en pie con todo el mundo aplaudiéndole en un tercio de banderillas de difícil superación mientras la banda de música de Burgos no dejó de interpretar temas de pasodobles con el sexto. Con la muleta  estuvo por encima del astado y cortó  la última oreja del ciclo burgalés.

Estuvimos con José Ignacio Ramos, acompañándole, viéndole en la plaza, aplaudiéndole y escuchándole después en la tertulia que el Hotel Puerta de Burgos y Canal 29 de televisión obsequia a cuantos acceden a las dependencias del importante establecimiento hotelero, al comienzo de la fresca ribera del Plantío.

PICA SOBRE LAS FOTOGRAFÍAS

Ramos volvió por sus fueros, nos emocionó con su toreo valiente, asentado, con la preparación que Mariano Jiménez su apoderado le exige. Y fue capaz de enseñar a todos cómo se matan los toros, arriba, tocando pelo, en los rubios. Estocadas de antología y perfectas de ejecución las que propinó a los cuatro toros que lidió en su ciudad, Burgos, con el cariño, reconocimiento y apoyo de sus paisanos.

Todavía estoy asustado, cuando, cogiendo el capote y echándoselo a la espalda con sabor antiguo y majeza, se fue a la puerta de toriles para recibir a porta gayola al último de sus toros. Un extraño del animal, un amago y el peligro corrió como un escalofrío por los tendidos de la plaza. Recuerdo el atragantón del dulce del portillo que estaba merendando pero que, a medida que él se sobrepuso del incidente, hizo hablar y bien a todos con su toreo esforzado, entregado y  cruzado ante las astas del toro al que cortó la oreja.

José Ignacio es un torero de la montera a los machos y además está con nuestro patronato, igual que nosotros con él. ¡Ánimo, maestro!.

 

Patronato del Toro de la Vega. Tordesillas (Valladolid)