Texto y foto: J. Ramón Muelas García
EL PATRONATO EN
LA SACA.
EL PATRONATO EN
SORIA (3)
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Serían las nueve de la mañana cuando la cuadrilla de Santiago, comenzaba el día tocando diana. La encabezaba tabla con un par de hermosas banderillas labradas en seda y destinadas para su toro. Como la de Santiago, hicieron el resto de cuadrillas y pandas, confluyendo al final sobre la plaza de toros. Entraron en columna, pegados a tablas, perimetrando barreras y saludando al público para luego subir a sus gradas. Una tras otra, fueron llenando espacios de música y voces. A las diez y media, cosa de 20 pintorescas bandas tocaban -cada una la pieza que le parecía- mientras el ruedo se llenaba de disfraces y los altavoces pedían al invasor que desalojara : La novillada debía comenzar. Al fin se retiraron ocupando callejón, burladeros, patio y calle adyacente, tras fracasar en el intento de acompañar a los toreros en el paseíllo; pues éstos, saliendo por otra puerta, entraron a la plaza sin compañías sanjuaneras. Fue el único momento durante el que todas las bandas, coreadas por el público, atacaron unísonas: “los toreros que aquí vienen, Para el Viernes de San Juan, tienen miedo, mucho miedo y no saben torear”. Peculiar paseíllo. Si Carlos III levantara la cabeza!. Si Carlos IV tomara hoy, Viernes de Toros, asiento en estos tendidos donde no cabe ni la duda. Si D. Miguel Primo de Rivera se atalancara tras el imposible burladero de acceso prohibido a la gente de montera. Si los padres republicanos fueran mecidos en la contrabarrera a los sones de: “.... Dicen que tal valentía, no es cosa muy natural; la culpa es del vino tinto y el sol claro de San Juan.“. ... Qué pensarían?. Gente de todo pelaje filosófico y político ha gastado casi tres siglos tratando de ilustrarnos y … aquí estamos, Soria, Viernes de Toros, cantando recalcitrantes. “todos fueron pasaos a cuchillo. Menos San Clemente!. Menos San Clemente!. Todos fueron pasaos a cuchillo; Menos San Clemente porque se escapó”.
Trataron de arrebatarnos las plazas mayores donde corríamos toros a nuestro entender para transformarlas en plazas de toros donde torear toros; visibles, pero no tocables. Así pasamos –en parte- de actores a espectadores. Así nos evolucionaron –también en parte- de la ceremonia al espectáculo; del lance, a la faena; de la libertad a la asfixiante reglamentación; del ser, al estar. .. menos San Clemente, porque se escapó. Escuadrones de caballería despejaron cosos para que los de montera lucieran sus habilidades y ya no hubo más remedio –en parte- que pagar, ver y callar. Vaya tricornio afeitado de verbos!. Si hoy 27 de Junio de 2.008, tuviera que presidir esta corrida el Conde de Bailén (qué ironía!): ¿Aceptaría un trago de tinto del bidón con que refresca el disfrazado de zorro? Pero San Clemente se escapó como los retrovirus, mimetizándose convertido en poco más que una proteína cristalina y aguardó paciente el momento de revivir. Soria era uno de los nichos temporales elegidos por San Clemente para que la afición, llegando tiempos de latencia, supiera que seguía vivo. Menudo pájaro San Clemente!. Como ahora tocan tiempos de invadir con toros hasta el último rincón de Castilla, no se iba a callar en Soria!. Y se arranca de largo en la Chata apoyado por sus millares de feligreses. Mozos y viejos sentados en el estribo. Barrera portátil. Afición al acecho .. hoy en Soria, pese a darse novillada “reglada”, el ruedo será compartido amigablemente entre toreros y aficionados. ¿El reglamento?. En San Juan no estamos para melonadas. Corre el vino a raudales sin perderse las formas. Y es que nada muestra mejor el señorío, la calidad humana de una tierra que el comportamiento de sus borrachos. Soria es única; allí se mantienen cortesía y amable franqueza aún sumergidos en la más notable borrachera. Salió abanto el primer toro de Villacastín, propiedad de Mari Carmen García. Dos peones emergen a fijarle mientras la afición citaba desde tablas. Nada, el eral correteaba ausente. Su destino le acercó hacia burladero poblado de sevillanas, heidis, un nomo y dos paisanos. La variopinta población deseaba ardientemente quitar al de los cuernos la preciosa moña que lucía; se arrojaron virilmente sobre el bicho a la vez que le echaban capotillo sobre los ojos y le despojaron con todo éxito. Mano de santo. Quedó fijado. Diego Santos salió a lucir su repertorio pero la blandura del bicho le amoló el intento. Ver el capote y doblar manos, todo era uno. Apareció a colear veterano peón; de los de antiguamente. Frunció el ceño. Retorció el rabo con vehemencia. Otro –ciprés en ultramar y azabache- le recriminó la técnica: colear no consiste únicamente en retorcer el rabo hasta que el torito quede de punto en blanco, como los cañones de Napoleón, sino en girar cosa de 30º al tiempo que se efectúa desplazamiento lateral. Tan bien le salió la teórica y práctica, que el eral se levantó al instante observado con satisfacción por el altísimo torero. Cualquiera seguía de cobaya!. Invadido y desalojado el ruedo conforme a la costumbre, soltaron al segundo. Más luchador, desalojó a los del estribo que pacíficos almorzaban sus torreznos de Garray y hasta cogió a veterano y confiado aficionado reacio a retirarse. Tras el éxito, pensó el eral reverdecer laureles haciendo realidad lo que dice la copla : “Dicen se juegan el tipo, dicen, dicen y es verdad, los mozos de la barrera en los Viernes de San Juan” Tomó carrerilla. Brincó la barrera. Fue a darse de bruces contra unas mozas medio vestidas de ángel, arrancando el ala a una de ellas, engolosinándose con la cerveza de otra, aturdiéndose con el numantino y feroz grito de la de más allá .. en fin, demasiadas distracciones para tener éxito. Al final cayó su cuerpecillo sobre el albero. Fue curiosa, alegre y variopinta la faena de Esaú Fernández, hasta llegar tiempos de estoque. Difícil acertar en tan pequeña cruz; cruz de apóstata, por invisible: desde barrera parecía toro-bigotera…. Difícil, muy difícil; hasta sucederse 15 estocadas –más o menos- y comenzar a oírse el tremendo cantar : “Si son bravos los toretes no los pueden ya matar, y la gente pide a gritos que los echen al corral. “.
Al fin entró el sable, estallando la plaza –que no es rencorosa- en sentido: Ooole!. Discutían peón y presidencia sobre si cortar una o las dos orejas del toro; mientras, un mozo en pañales se acercó al toro, cortó la oreja y se la llevó para merendar. Vio el peón con odio como le hurtaban la bicoca; acarició su cachetero; aparecieron sombrillas rosas, tres disfrazados de toros y resignado, les dio verónica a los disfrazados amparado en las sombrillas. Le regaban por detrás con una bota; una chica le pedía autógrafo …. Todo tan veloz, todo tan incardinado que o andas muy listo o pierdes el hilo de la amable historia taurina. Invadido y desalojado el ruedo conforme a la costumbre, salió el tercero, gacho más crecidito…. Pero discúlpeme el lector que vaya cerrando, pues si no, tendría que escribir librillo sobre la corrida de por la mañana. Las pinceladas atrás expuestas ni por asomo describen lo que es el Viernes de Toros. Las fotos –pocas- ilustrarán algo más. Pero sólo tostándose esa mañana al sol claro de San Juan se puede aprehender que no hay quien pueda con la alegre –aunque grave- tropa de San Clemente.
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