EL PATRONATO EN LA SACA.

Texto y foto: J. Ramón Muelas García

EL PATRONATO EN EL VIERNES DE TOROS (SORIA)
EL PATRONATO EN SORIA (3)

Llega San Juan de Junio. El Bautista o el Evangelista?. Qué va!: el de los toros!.

Entonces, el sol claro de San Juan te hace surgir la necesidad de ir a alguna parte donde puedas correrlos. Porqué esa viva necesidad u obligación moral de cumplir el atávico mandamiento?.

Digo yo –por decir- que será cosa genética. Si en Castilla llevamos desde el siglo XV soltando por estas fechas, adquiriendo impresiones que como reja de arado entran en los cimientos de la sensibilidad... en alguna disposición proteica se concretarán –digo yo- y como sin duda esa impresión tiene carácter mejorante, concluyo dentro del más puro darwinismo que será transmisible y hasta nos permitirá optimizar nuestro acoplamiento al medio ecológico donde nos movemos.

Razonada toscamente la íntima necesidad, sólo quedaba decidir adónde ir, pues larga es la oferta taurina.

Dicen que para los gustos se hicieron los colores pero también los tratados de estética, esa arte de la que pocos hablan, nadie lee y todos recurren cuando quieren argumentar su opinión. Y a mí entender, toros por toros, estética por estética, en San Juan, hay que ir a Soria. Allí se tiene encierro completo con caballería; tramo urbano y “campero” (qué mal suena!). Robles, prados, peñas, espinos, tajaduras, pinar, polígono industrial, camino, carreteras, autovías, pendientes de vértigo, tapias, alambradas, barbechos, muestrario de talanqueras y lo que se le ocurra al lector.

Durante 6 horas, Doce toros y el acompañamiento andarán sobre 12 km. para cubrir el tramo desde Cañada Honda hasta la plaza de toros de la capital, llamada “La Chata”. Cambia la circunstancia tanto y tan frecuentemente que es imprevisible lo que pueda suceder, así se suceden 6 horas –seis- de variados lances, de novedad continua donde el toro puede aparecer y desaparecer por ensalmo, todo bajo el sol de fuego de San Juan.

En fin, la Saca, aunque se titula encierro, no lo es. La Saca es la disculpa para soltar toros y correrlos en absoluta libertad. E ahí su éxito, su atractivo : toros libres bajo las más insospechadas y efímeras coordenadas de espacio y tiempo

 

El metro de la Línea 9 cimbreaba acoplándose también al medio, cual si fuera ese aminoácido responsable del fervor taurino sanjuanero. Algunos inquilinos leían novelas con el mp3 clavado a la oreja; otros, dormitaban traqueteando. Ausentes de la realidad, daban las tres en Atocha. También Madrid celebraría a San Juan; de otra manera, claro está; tienen tantas y tan variadas raíces que los árboles no les dejan ver el bosque.

Comenzaba el San Juan 2.008.

 

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Amaneciendo el Jueves la Saca, bajamos hasta el claustro de San Juan de Duero. Inmejorable lugar donde echar un cigarro, beber el muermo del río, saludar a los pasados, ingerir sosiego –útil ante lo que se avecina- y dejarse llevar por algún verso de Gerardo Diego.

Luego, a Numantia, donde la gente del Patronato se unió a los aficionados de Oncala, con Urbano, su alcalde al frente. Coches sobre caminos verdes rumbo a Valonsadero. Arévacos y Vacceos cruzando el Duero. 2.000 años no es nada.

Los recónditos caminos que nos iban a llevar sin problemas de caravanas hasta la Cañada Honda, no estaban desiertos; cientos de vehículos ascendían por cualquier lugar posible, buscando hueco donde descargar. Llegaban las doce.

Por fin Cañada Honda y sus peñas a modo de graderío preñadas de aficionados. Ni un hueco. Caballería nerviosa. Piafan las yeguas nuevas cuando cientos de brazos en alto tapan el portón de toriles. Jose Carpita queda en Cañada Honda. Subimos a la meseta que da acceso a la Vega de San Millán mientras van sonando tres cohetes lejanos y delicados.

Poco hemos de esperar para ver la mano de caballería muy abierta lanzada meseta adelante. A su izquierda galopan tres novillos; sueltos, casi haciendo hilo con talanqueras y en columna, se esfuman en el robledal bajando la rampa hacia la Vega de San Millán.

Apenas les hemos visto. Esperamos –pues faltan nueve- a que aparezca el resto del encierro.

Las 12,20. Nada. Ni vienen más ni parece que vayan a venir. Han desaparecido nueve bichos. Bajamos entre peñascos tras los tres localizados.

Dos de ellos están muy lejos, en las faldas del Picofrentes. Caracolea la caballería cercándolos, trazando espirales de menor paso a cada vuelta. Arrancada. La espiral se vuelve línea negra cimbreante, difusa.

El tercero ha quedado emboscado próximo al puente sobre el Pedrajas, donde paran los autobuses. Lancean un puñado de jinetes y numerosos peones,. Responde el eral con arrancadas briosas al principio y de cumplido luego. Llega a encararse con los atalancados en un espino, atacando rabo tieso, pero es su última bravata. Tras ella, se amuerma contra el tronco de encina -sombra y abrigo- de donde no se moverá pese a ser citado repetidamente.

Poco a poco, la gente se retira; unos, hacia los vivacs de la Cañada Honda; otros, hacia el recogedero de la Vega. Todos preguntándose: ¿Dónde están los nueve que faltan?.

Hacia la una y media Valonsadero huele a humo de encina. Asan carne en pequeñas fogatas y se extiende el descanso sobre la hierba alta.

A las dos, dispuesta mesa y mantel por la gente de Oncala, comemos y charlamos. Según la radio han metido en San Millán diez novillos pese a que sólo hayamos visto tres.

Hacia las dos y media el encierro –reacio y cansado- emprende la marcha desde los toriles de San Millán hacia el descansadero vísperas de la ciudad; le arman nerviosos bueyes, toros y jinetes. Se promete difícil.

Regreso a Soria. Café y agua, aunque este año no calienta como el pasado, a estas horas, toda agua es poca: no aprovecha. Ignacio Velasco nos da muy cumplida teórica acerca de la velocidad del proceso de deshidratación celular; sintéticamente, se pierde deprisa y fácilmente pero recuperarla es otros cantar, por mucho que bebas, la célula no puede disfrutar al momento del bendito líquido; conclusión, si te deshidratas en dos horas, tardarás siete en recuperarte. Qué cosas!. Como el dinero!.

A las cuatro emprendemos la marcha a pie desde Soria hacia el nuevo descansadero. Desconocemos cuantos toros habrán llegado allí.

Próximos al Polígono Industrial, Antonio de Brihuega, Molina y otras gentes de ACARTE esperan refrescando en la hierba; más adelante, aficionados de Medina y ya en la autovía de circunvalación, los de Tordesillas; por allí para Gaspar Berrocal, incombustible lancero que no perderá ocasión de echar su cuarto a espadas cuando llegue el encierro a su altura.

Viene hecho rosario. La primera cuenta son seis jinetes, un novillo oculto entre ellos, aprovechando la sombra de grupas, un par de corredores y retaguardia en línea de otros seis hombres.

La segunda cuenta es amigable; toro y tres jinetes andan como Lázaro al salir del sepulcro : sin prisa pero sin pausa.

La tercera cuenta viene suelta. Es cuenta de eral aislado al que deben forzar los caballos; todavía tiene salero para buscar y hasta para dar arrancada tras cola de caballo. Pero es quimera porque le bailan los ojos.

La cuarta y última cuenta, decidió acomodarse en la ITV –paradojas del destino- para no moverse pese a picas, caballos, cortes y capotes con que se intentó sacarle.

Daban las cinco. Nada aparecía. Regreso a la ciudad para descubrir que la tercera cuenta, demolida en medio de la calle, no iba a pasar de aquel punto.

A las seis ya podíamos comprobar lo cierto que estaba Ignacio Velasco en el asunto de la deshidratación; mientras el baldío ir y venir de bueyes confirmaba poco a poco que las cuentas de rosario perdidas, no llegarían a la Chata.

Acababa La Saca 2.008 con dos bichos en toriles -inútiles para el servicio- y diez en diversos paraderos; frustración entre los aficionados, tormenta amagando y vacas en la plaza de buen juego.

¿Qué falló?. Me parece que el problema no está en que sólo entraran dos, si no en que no se viera al resto; en que no corrieran San Millán 5 ó 6 bichos cruzándose y revolviéndolo todo seguidos por sus cofradías de a caballo y a pie. En que no salvaran la autovía toros y caballos blancos de sudor trotando poderosos. En que hubo poco toro, huidizo, de mezquinas carnes; mozo, aunque resabiado; bastante vago, aunque de suficientes pies como para ausentarse lejos y en fin, pobre máquina para el vigoroso empeño que es la Saca.

Pero la Saca siempre es la Saca, salga como salga.

Cuando la tormenta descargaba sobre el Hotel Leonor, una amable camarera decía a los comensales:

- Chicos! Gol de España!.

Cerraba la noche sobre el Monte de las Ánimas. Alguien susurraba a su verdejo.

-          Qué rápido se nos ha ido ...

En realidad estaba pidiendo que la Saca –salga como salga- ni hubiera terminado, ni terminara nunca.

Fuera hacía frío debido a la tormenta y sobre todo, a que aún falta todo un año para la Saca; pero llegará el San Juan 2.009; de hecho, tenemos elegido roble en uno de los vericuetos al naciente de Cañada Honda.

Patronato del Toro de la Vega. Tordesillas (Valladolid)