foto: Jose Carpita
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Villanueva de Duero celebró el pasado día 14 sus fiestas en honor a San Antonio con un encierro desde el prado hasta la villa. Los toros, muy revueltos, dieron problemas inmediatamente, escindiéndose el encierro y parando a la entrada. Un novillo, tomando querencia entorno a viejo apero, al tanto de lo que le rodeaba y codicioso, permitió a cortadores y corredores lancear. Abundaban los parapetos de circunstancias y eso facilitaba a atalancados y cortadores medirse con el bicho entre el revolver de la caballería. Viendo el toro que no hacía presa, cambió de querencia buscando ahora rasa cebada, terreno sólo apto para la caballería que entró a sacarle. Fueron precisos varios cortes, arrebatarle el terreno en carreras muy bellas, para al fin sacarle al camino. Ya vez en firme, aprovecharon los cortadores para medirse al bicho en un palmo de terreno y hacerle progresar de nuevo hacia la entrada. En este avanzar, otra vez paró el toro, ahora sobre un arenal, interviniendo los toreros de fortuna para sacarle. Aburrido, decidió marcharse a la grupa de la caballería, pero reconsiderándolo, prefirió ir hasta la plaza incentivado por los de a pie. No tardó en aparecer la parada con otro novillo que para no ser menos, se zambulló en la cebada, repitiéndose las operaciones anteriores. Éste se negó a abandonarla, debiendo ser enchiquerado artificialmente. Movido y entretenido encierro que satisfizo a todos los estamentos por las buenas ocasiones que pudieron verse. |