Texto y foto : Gema Losada
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Con ganas de descansar pero con mucha pena, me fui el martes del Toro de la Vega; eso sí, después de asistir al Torneo, a pasar unos días a la playa, siendo mi destino Peñíscola. Muchos tordesillanos también habían elegido ese destino para pasar las fiestas de una forma tranquila pero una tranquilidad entre comillas ya que allí también estaban en fiestas; las fiestas patronales en honor a la Mare de Déu de l’Ermitana. Unas fiestas en las cuales sus actividades eran muy variadas y en las que se mezclaban la música, la pólvora, astados y una que no se me olvidará nunca : la entrada de los moros y cristianos. Siempre ocurre que cuando llegas a un lugar te gusta ver todo; capeas, encierros, fuegos artificiales...y recorrer los lugares más emblemáticos, como el castillo donde residió el Papa Luna. Lo que más llama la atención es la diferencia que ves a la hora de llevarse a cabo -por ejemplo- las capeas. La primera diferencia que encuentras es que los mansos son como su nombre indica; eso, mansos, los cuales les llevan atados con una cuerda en busca de la vaquilla, la cual una vez cortada en la plaza se la suelta a la playa donde la esperan los valientes y claro está, el manso para ser recogida en un camión. Todas las capeas tenían lugar a primeras horas de la tarde porque por las noches lo que vimos fueron la embolada de toros cerriles. Aquí te llama la atención cómo el reglamento taurino es completamente distinto al nuestro, más permisivo; al toro no se le embarra y en los cuernos además de las bolas se le encienden unas bengalas. Como ya os he contado lo que más me gustó fue el desfile de moros y cristianos, todo muy bien organizado, cada comparsa acompañada de una agrupación musical; los miembros de las comparsas animando al público y bueno, qué decir de los trajes, seguramente que a nuestra querida Nieves le pase algunas fotos para que pueda reproducir los trajes de los cristianos para nuestra fiesta medieval. Al finalizar el desfile un aperitivo de fuegos artificiales; es decir, una muestra de lo que a primeras horas de la madrugada veríamos. La tierra de la pólvora hizo honores y casi hora y cuarto duro el espectáculo, los fuegos les lanzaban desde la playa, el castillo, las murallas, salían del agua...unas vacaciones que aunque comenzaron con pena por lo que había dejado en mi pueblo, no cambiaría por nada; descansé, disfrute y ahora tengo todo esto para poderos contar. |