Texto y foto : Jesús López Garañeda
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Siempre es grato viajar a Olmedo, la ciudad del caballero no sólo por sus fiestas de San Miguel cuando se corren toros por las calles y en su coso a la vera del recinto amurallado, sino en cualquier época del año. Sin embargo esta vez acudir a ver el primero de los encierros camperos que el Ayuntamiento había programado se transformó en decepción en muchas de las personas de a pie que se hallaban en el recinto de la ciudadela y en un entretenimiento singular para los cientos de caballistas que tuvieron toros desparramados por el campo hasta bien entrada la tarde. La parada de bueyes entró por delante, y detrás toros sueltos, de uno en uno, acompañados por tal mocerío ávido de carreras que apenas nos dejaron ni retratar al morlaco pese a estar situados a escasos tres metros de él. Luego en el coso de la Villa olmedana se soltaron varios novillos de los llamados de prueba de los hermanos Caminero que dieron un escasito juego, sin un mal derrote que llevarse al cuerno. Poco público en el recinto taurino a la primera de las llegadas, y luego con un cárdeno sucio no sé en la distancia si por la sudada que tenía encima o por circunstancias hereditarias, el caso es que el animal fue recogido por tres bueyes, uno de los cuales, escurrido, colorado y de malas intenciones, dio un susto a uno de los muchachos que con una pica intentaba recoger el ganado, dándole un revolcón junto al tendido de sombra. El joven se levantó molido y, sin hacer aspaviento alguno, se recogió en el callejón a rumiar sus dolores. Me dicen que tan sólo fue el susto y un par de peladillas dadas a capón por el changarro en las costillas del mozo espontáneo vaquero. Lo que sí vi es que no se le cayó el cigarro de la boca. Tal vez recordara los versos que dice el caballero de Olmedo en la voz de don Alonso: "Si es que avisos vuestros son, ya que estoy en la ocasión, ¿de qué me estáis informando?... Invención de Fabia es que quiere, a ruego de Inés, hacer que no vaya a Olmedo". Y mira que le avisó este buey tañendo el cencerro como si se tratara del labrador. Pero en fin, hacer caso omiso y seguir adelante acarrea estas cosas, amigo torero. Entre las talanqueras hablé con más de uno de los allí presentes, uno de los cuales, natural de la Villa, tomaba puntual nota en una libretilla para su memoria del resultado del encierro y se quejaba amargamente de que no entrara el encierro a la calle como siempre ha sucedido. Achacaba la culpa a tanto caballista y tanto elemento motorizado que corre con los toros, contribuyendo más a espantar y soliviantar a la manada que a ejercer verdaderamente un buen encierro en el que todos se diviertan, los de a pie y los de a caballo. "Y eso que lo tienen reglamentado y controlado. No hay derecho a que no veamos los demás nada". Por más que se esmere nuestro amigo Alfonso Centeno, el alcalde, si no colaboran todos cuantos están encargados de encerrar y de participar, será muy difícil conseguir espectacularidad y recoger con nuestras cámaras momentos pintorescos para recordar aquí. No obstante damos lo que tenemos. A mí, recordando al caballero de Olmedo, "pena me dieron estos hombres que a caballo van hacia Medina huyendo. Si a Don Alonso habían visto, pregunté; No respondieron. ¡Mala señal!. Voy temblando". |