EL PATRONATO EN ÍSCAR (I)

Texto : José Ramón Muelas García
Foto : Jose Carpita & J. Ramón Muelas & Jesús López Garañeda

EL PATRONATO EN ÍSCAR (II)

Cada día resulta más difícil hallar lugares donde puedan convivir el sosiego, el comedido desorden y la fuerza de lo vital en estado puro; de hecho, no hacemos más que trabajar buscando unos euros para gastarlos en la exploración de tierras donde brote esa mezcla capaz de satisfacernos extirpando de ánima y alma el aburrimiento, pena capital con que Dios castigó a los hombres por querer saber más que Él y encima, sin estudiar.

Hay quienes creen hallar tal Arcadia en Alaska, el Caribe o –si la hipoteca se pone burra- Benidorm; otros, posiblemente más brutos, nos vamos a correr los toros por esos pueblos de Dios pues aunque no siempre, de vez en cuando florece la coyuntura capaz de hacerte decir : Qué bien se está aquí!, simplificación del rotundo estoy. ¿Que hay peligro?: eso ya lo sabemos. ¿Qué es poco progresista?, también, pero como no conocemos nada que nos descubra el interior, haga resonar, emocione y satisfaga tanto... hale!: camioneta y talanquera.

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Íscar, 4 de Agosto a las brillantes 9 de la mañana, cerca de la iglesia románica de San Miguel. Pacífico ciudadano duerme sobre la hierba en un silencio roto sólo por algún badajazo de changarro que desde la iglesia refleja en la calle vacía; le mira –envidioso- el torilero desde su atalaya, palpando el último fresco con la cara y mirando de reojo a los toros de Guadalest, quienes cambiando la sal de Huelva por el aroma a trilla y rastrojo, deben estar algo despistados.

bullet¿Qué hora es?.

Pregunta nervioso el torilero cuando restralla un cohete.

bulletfaltan dos minutos.

Duda, viendo el reloj tan cochambroso que llevo; pero otro aficionado me avala y como además empieza a conjeturar sobre longitudes de pitones, el torilero marcha grave hacia las traseras.

Dos cohetes más, casi seguidos, fueron la señal para que desde toriles comenzaran a vocear : hay que despertar al ganado!. Animados los atalancados que aguardaban a bocatoril, golpean sobre las planchas de conglomerado que blindan las primeras talanqueras y salen un alud de hijos de Tharsis. Citan atalancados con lo que tienen a mano sin ningún éxito; apenas pasa un instante, sólo revolotea toriles polvo ocre y un bando de vencejos.

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El "..lejos del mundanal ruido quiero posar mi morada.." se había transmutado de golpe en el "de profundis" que la fuerza desatada del toro genera donde aparece. Comenzaba el encierro.

Tomaron la vanguardia tres bueyes rojos, ganando la mano al resto en la Plaza Mayor; luego, otros tres castaños abrían camino a los zainos de Guadalest; brillantes, musculosos, tal vez alimentados en exceso, iban a sus negocios despreocupados de algunos corredores que flanqueaban sin mayores pretensiones, pues con la velocidad que llevaba aquello, ni Aquiles intentaría meterse en cabeza. Al punto llegaban retrasados un urraco alunarado y dos mulatos a quienes los kilos ya les pasaban factura tan gruesa como para ignorar los cites desesperados de las gentes de talanquera, ofendidos porque todo sucedía demasiado deprisa : ni un derrote, ni una gracia. Ni siquiera mostraba demasiadas fierezas uno de ellos que abría procesión haciendo hilo por la acera; el paso del trío ya permitía a los corredores entrar al asunto, aunque conservando cierta distancia, pues el ganado estaba entero.

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El encierro se deshilachó aún más comenzada la cuesta abajo que conduce a la plaza, pero comenzó a perder aceleración, aún manteniendo velocidad que pedía buena forma a los corredores. La cabeza del primer grupo se vio invadida por la gente más a punto; corrían a todo lo que les daban las piernas, casi acunados, pero habiendo espacios, maniobraban según pidiera la circunstancia; en ese tramo se vieron los mejores lances, las tópicas "bellas carreras" de poder a poder, sin que cupiera el error, resoplando hombres y fieras, al límite ambos.

El segundo grupo era otro cantar, se trotaba atentos a la arrancada, con menos prisa y más a los flancos que a vanguardia, aunque los prácticos esperaban ocasión de alinearse con el toro al menos algún instante.

No mucho más de dos minutos y todo había pasado : la paz del durmiente, los cohetes, la escisión del encierro, las galopadas fulgurantes y los trotes medidos.. todo era pasado. Tantas experiencias en tan poco tiempo son el mejor antídoto para el aburrimiento y sólo había empezado el día.

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Reunido el público en la plaza de toros, se soltaron para los buenos cortadores que había en el coso tres utreros de hermosa pinta, lucidos y con empaque; coso en obras, pues la plaza tendrá cubierta para el otoño, convirtiéndose en otra referencia.

bulletEs que en Íscar hay dinero.

Decía un aficionado con cierta retranca. Y otro le respondía :

bulletEs que en Íscar se trabaja.

Cortó la conversación precioso sardo oscuro capaz de barbear y rematar en tablas que además, era boyante y franco, así que los cortadores aprovecharon llevándose los aplausos de los poblados tendidos; incluso uno de ellos cortó topando mano en testuz a la antigua usanza, rescatando del olvido el tradicional y recio corte. Le siguió otro quinto del 3; éste, mulato entrepelado de aire santacolomeño tan presto a comerse el mundo como a empacharse de él, pues pronto blandeó. El tercero, utrero pasado jabonero sucio, de andares que apestaban a consanguinidad y raros movimientos; quiso, no pudo y se le retiró para sacar un aldinegro más fogoso.

 

A eso de las 12 comenzó el vermú mientras gigantes y cabezudos, animados por buenas dulzainas, llevaban tras de sí a los chicos. Largos vermús de verdejo y calamares tan añorados durante el invierno, cuando no sé qué representa con más fidelidad la nostalgia, si el calor rebotado de la pared, la convicción de no tener prisa o la conversación de la parva. Largos vermús que terminan en larga comida de largas mesas, aroma a faria y encuentro con quien menos te lo esperas; por ejemplo, en Íscar teníamos de vecino a Luis Francisco Esplá; recordamos el inolvidable mano a mano con Antonio de la Cruz "el Pajarito" en la Plaza Mayor de Tordesillas, rugiendo las cachavas al golpear contra barreras –así se aplaudía- cuando mano a mano banderilleaban. No se habló de la cogida porque semejante tema es de mal gusto, aunque me pareció perfectamente recuperado física y anímicamente, pues el matador –término más elevado que el de torero- lanzó una consigna para la gente del Patronato.

bulletCuando vayan los ecologistas este año, no les dejéis ni esto.

y lo decía con ira de varón, frunciendo el ceño, juntando índice y pulgar para predicar cruzada contra la degeneración de los que antaño fueron hombres y ya son animales de compañía o topillos, según autorizada voz.

¿A qué hora terminamos?. Sabrá Dios; pero desde luego, voló el tiempo satisfactoriamente.

Al Caribe, a Alaska, a Marbella?. Vamos hombre!. Camioneta y talanquera!.

Patronato del Toro de la Vega. Tordesillas (Valladolid)