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Texto : Mª del Mar García Sandoval
Foto : Jose Carpita
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En el valle torero de La Guareña hay una villa llamada Maderal cuyos trescientos vecinos celebran la Magdalena con toros, como no podía ser de otra manera; pero el encierro de esta villa, debido a la orografía tan variada, tiene una característica particular y es que en apenas unos cuantos metros pueden suceder los lances más inesperados. Este encierro es conocido como "El encierro de las bodegas" porque las bajadas a esas cuevas donde se crían los vinos, sirven de refugio a los corredores. El Domingo 22 a las 7 de la tarde llegamos a la plaza cuando tiraban los cohetes y soltaron un novillo para que desde allí saliera hacia las calles. El recorrido termina en una plazuela de tierra con cuestas, donde están las bodegas cuyas puertas están protegidas por talanqueras; desde esas defensas y desde las bóvedas de las puertas llamaban al novillo que se venía, pero debido a lo pronunciado de la cuesta, el animal tenía dificultades para embestir y eso daba tiempo a refugiarse a la gente. El primer novillo regresó a la plaza y tras juntarse a otro que estaba allí, salieron juntos a las calles hasta emplazarse aunque de vez en cuando daban una arrancada a la gente. Soltaron luego otro novillo rojo que al encontrarse con los dos que andaban por las calles hizo una cosa muy extraña : amagó ir contra la talanquera pero giró hacia una casa, pegó un salto tremendo y alcanzando el alero rompió algunas tejas. Al cabo de un tiempo se hermanó con los otros dos, marchando junto a ellos hasta que empezaron a emplazarse. Un buen encierro este de Maderal por las formas tan personales y particulares que tiene.
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