Texto : J. Ramón Muelas
Foto : Jose Carpita & Gema Losada & Gerardo Abril
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Pasó la Peña 2007; ya no queda ni suciedad por las calles tras la tormenta de agua y granizo; las pandas han celebrado la fatídica merienda de la peña y ha comenzado el invierno, pero se sigue hablando de toros, de cómo fue la Peña. El lunes hubo corrida con cuatreños largos de Francisco Galache para J. Ignacio Ramos, Morenito de Aranda e Iván Fandiño; ganadería digna con toreros dignos para una plaza digna, pero en cuanto abrieron toril notamos una diferencia capital con respecto a otros años y otras plazas dignas : LOS TOROS ESTABAN ENTEROS o por lo menos eso nos pareció, de modo que la corrida tomó interés de repente. No iba a ser la típica corrida de quiero y no puedo preparada con domecqs entorno a una figura de las primeras del escalafón, ni iba a ser corrida artística de 600 pases, ni de escuela sevillana, ni anodina : los toros estaban enteros. El panorama cambiaba completamente. ¿Hace cuánto que no sucedía esto en Tordesillas?. La encornadura de los toros no era descomunal, la propia de los 5 urcolas y 1 Cobaleda que salieron, pero un pitón entero impone; tampoco los animales fueron Hercules, blandeando alguno aparatosamente y careciendo de ligereza tras lo mucho y sobre todo, mal, que les picaron. Toros, en fin, para comenzar con lidia y terminar con arte; exigentes de toreros sabedores del oficio, cuajados y con ganas. Ramos, combatiente veterano, cumplidor y serio, banderilleó pudiéndoles y brillando en un par próximo a tablas donde cada pierna quedó arropada por un cuerno; obró con la tranquilidad del que conoce los percales y soltó dos estocadas verticales a fondo que le valieron tres orejas. Morenito estuvo digno pero reservón, alargando el brazo para ganar distancia, tal vez más sicológica que real; cuando enganchaba, templaba de momento para cambiar a moverse con prevenciones. La generosidad de la plaza le premiaría con una oreja. Fandiño estuvo en la línea de Morenito, estropeando la función ante el último de la tarde, el Cobaleda, hermoso y velocísimo patas blancas con dos pitones de los de a 20 centímetros; codicioso a la salida, recibido con tres largas pegado a tablas que levantaron a la plaza pese a carecer de nitidez, sembró la esperanza primero y la bronca después al permitir a su picador que masacrara al toro. Llevaría de Tordesillas otra generosa oreja. En resumen, no vino a torear ninguna figura –gracias a Dios- pero hubo toros sin pasar por los traumas del afeitado; así que la tarde no pecó de ese cáncer de la tauromaquia llamado monotonía. El poco "arte" que se vio fue de verdad y eso compensa el precio de la entrada. La conclusión final exigiría determinar el ratio calidad/precio. Ignoro cuánto costó la corrida pero si su presupuesto fue similar al de años anteriores, estamos en el buen camino, ese a cuyas lindes figuran toros enteros y toreros mirando al pitón en vez de cimbelear con los tendidos...por la cuenta que los tiene. |