Texto : Jesús López Garañeda
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Acabadas las fiestas, llega la hora de recoger las reses que han sido lidiadas en encierros y probadillas, trasladarlas al matadero y proceder a su sacrificio. Una vez realizadas todas estas operaciones, las canales de los toros tordesillanos pasan a la cadena alimentaria como uno de los alimentos más exquisitos y ricos en proteínas que uno ha podido probar nunca: la carne de toros de lidia. La mañana del sábado después del ajetreo festivo, cuando el sol empieza a calentar la mañana nos fuimos a los toriles para proceder a cargar los toros que allí habían quedado; una vez acabadas estas operaciones, trasladarnos hasta el prado del Zapardiel en donde aguardaban los últimos ochos novillos la presencia del camión para ser cargados desde la manga de las corraletas de enchiqueramiento. Y aquí surgió la anécdota: El toro del Cristo llamado "barrileto" a quien los vaqueros le apelaban "ruski" se salió del camión accediendo al chiquero de embarque con una recuperación envidiable tras haberse empleado una semana antes en dar excelente juego por las calles asfaltadas de la Villa, rompiéndose las pezuñas prácticamente. No obstante, como si adivinara que ya esto se había acabado; hasta el año que viene no poblarán otra vez los toros las orillas del Zapardiel, "barrileto" subió con alegría y rapidez la manga hasta la caja del camión. Echados los cierres, precintadas las puertas y recogidas las fichas correspondientes que este tipo de ganado precisa, los transportistas salieron a eso de las 11,30 de la mañana camino de Salamanca. También se cargó rumbo al matadero a "jaquerito" el de la vega titular que resultó un perritoro de cuidado. Ojalá que algún día se consiga traer un animal bravo de verdad, encastado, repetidor, incansable, único, espectacular... cueste lo que cueste. Hasta el final los novillos demostraron su bravura, especialmente los toledanos de la ganadería de Robles, con sus pitones escobillados, cansados, resabiados, fatigados y molidos, con sus cuerpos serranos rotos y desvencijados. Más de uno dijo allí: Y ¿por qué no se les lleva a una dehesa a que se recuperen y al cabo de unos meses vuelvan a correrse por las calles?. Contestando otro: "La legislación en Castilla y León exige el sacrificio tras el ciclo festivo. Por tanto hay que llevarlos al matadero". Más de uno dijo "adiós con el corazón" aunque todavía alzó la mano para despedir a quienes protagonizan las fiestas de Tordesillas que son, fundamentalmente, los toros. Al llegar septiembre del año próximo otra vez la dehesa del prado volverá a recibir los mugidos, las carreras, las idas y las venidas del público, caballos, changarros y toros al hilo de una afición guardada con valentía, celo, bravura y arrojo. Personalmente, comeré un solomillo de toro festejando la brillantez de las fiestas de la Peña y brindaré a la vez por la próxima que, sin duda, será mucho más participativa, bella y hermosísima, si Dios quiere. |