Pausa para la emotividad y análisis del torneo.
TEXTO: Jesús López Garañeda
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Una vez acabado el torneo, como ya es tradicional, los miembros del patronato se dan cita en el zaguán de la bodega Muelas para brindar con el vino de antaño las hazañas de hogaño, dando explicación, razón y sentido a lo sucedido en el torneo del presente año y colocar la piedra que cimiente el del año 2008, cuya preparación ya ha comenzado. Con el presidente del Patronato Gerardo Abril abriendo el acto y numerosos amigos de las diversas partes de la geografía española que asisten, porque así lo sienten esta mañana del martes de la peña a participar en el festejo toroveguista, José Ramón Muelas y Quintín propietarios de la bodega que acoge y da sentido a un rato de hospitalidad y compartir el viejo vino cuidado y criado para la ocasión, abren las botellas del oro de un vino llamado Inmemorial Osluga para ser paladeado por torneantes y lanceros igual que hace cien años, igual que siempre, porque las cosas inmutables no mueren ni las disuelve el olvido. En la mesa escanciado el líquido en copas de cristal esperando a ser elevadas en el brindis y una vez analizados los pormenores de los sucedido en la lidia de este año, que ha resultado brillante, espectacular, noble y perfecta en palabras de los asistentes, porque aunque los lanceros de a pie se hayan quedado esta vez a verlas venir toda vez que un caballista salmantino, José Antonio, ha sido capaz de propinar la lanzada de muerte a "Enrejado", toro de la ganadería de Sepúlveda de Yeltes entrando con su jaca de poder a poder en los arenales de la vega. Los de a pie hablaron y expusieron sus razones felicitando al caballero ganador en esta ocasión el cual participó al presidente del patronato, y así se lo hizo saber a todos, el agradecimiento por la acogida recibida, las muestras de cariño y los aplausos por su mérito indudable. Brindar, pues, en la bodega de Quintín Muelas y recoger a torneantes del toro jubilo de Medinaceli; los del Enmaromado de Benavente; los del toro de San Juan de Coria; los de Cádiz, Madrid, Valladolid, Zamora... Una representación genuina y propia integrada perfectamente en el desarrollo de este singular rito, ceremonial de valientes, que llena de beneficios inmateriales a cuantos participan en él. Mostraba su satisfacción la ganadera de Guadalix de la Sierra, Charo, esposa de Cipriano Hebrero, zamorana de cuna y madrileña de adopción paladeando un ambiente distinto, único e irrepetible. Hacía eco en la emoción Valentín Rivero, técnico ferroviario y seguidor del toro Vega desde niño; aplaudía todas y cada de las intervenciones Cecilia Pintado de los Reyes, cubana y española, conocedora de la tradición; fijaba en el papel la memoria recordatorio a los torneantes guipuzcuanos tolosarras Ana Blanca Bartolomé; recogían sus notas los medios de comunicación vallisoletanos escritos y gráficos... En fin sonó el acorde del "llegó la peña" en lo más íntimo del corazón y cuando se produjo el brindis final, todos juntos gritaron al unísono: ¡Viva el toro de la Vega!. |