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Texto : J. Ramón Muelas García
Foto : Gerardo Abril & Jon Abril.
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El sábado 1 de septiembre se desencajonaron en la plaza de toros de la Providencia los erales y utreros que serán corridos durante las próximas fiestas de la Peña. Ni los 6 euros que costaba la entrada para quienes no tuvieran abono, ni el calor canicular, ni las 6 de la tarde, impidieron a numerosos aficionados poblar el recién restaurado coso. Maniobras de camiones por los aledaños y de vaqueros, responsables veterinarios, comisionados etc... por el callejón. Plaza regada; toca La Besana. Juramentos de quien sentado en barrera de sol repara –tarde- cómo la resina del pino nuevo ha supurado disolviendo a la pintura y su pantalón blanco riau-riau se ha vuelto berrendo en rojo. Cámaras de fotos a cientos; un fascio de varas de fresno se sitúa a mano en lo que la gente del ayuntamiento protege con tableros y maroma los bajos del camión. Rampa preparada y suena el Llegó la Peña. Comenzaba la Peña 2.007 con la misma ilusión de siempre. Primero bajaron seis erales de Fernando Guzmán (Cabanillas de la Sierra/Madrid); bastante parejos excepto uno, ensillado y campanero que destacaba sobre el resto; zainos de pelo lucido; alegres, inquietos, iban al cite o se enzarzaban contra hermanos y bueyes; de encornadura estilizada, simétrica y empitonados, causaron buena impresión. Les siguieron siete utreros de la misma casa, fenotipo y comportamiento; uno de ellos con empaque y enmorrillado; otros tres, discretos y los otros, pequeños para Tordesillas. La siguiente tanda correspondió a ganado toledano de los Hermanos Robles; 6 erales y tres utreros. Del comportamiento cabe decir lo mismo que del de los anteriores; pero la variedad de pelos y hechuras conformaron un conjunto de pintas que hizo muy atractivo el desenjaule, llevándose la palma un sardo y un espectacular salinero; éste, cornalón descarado, veleto, cornivuelto, levantó los aplausos de la plaza; más cuando pudo comprobarse la actitud de vigilancia y descaro con que tomó el centro de la plaza al negarse a entrar a chiqueros. Sin duda, la estrella de esta Peña. A la vista de los toros encerrados, unos opinaban que el ganado, pese a ser aparente, resultaba pequeño para Tordesillas, aunque sin duda podría confeccionarse un encierro muy digno con tres utreros respetables y uno de campanillas. Otros –pragmáticos- preguntaban cuánto había costado la torada, razonando que sin dineros no hay milagros taurinos y que el ganado estaba muy bien en relación al presupuesto, aunque desconocían el presupuesto. En resumen, ganado razonable y mejoría respecto a años anteriores sin llegar a lo que quiere el taurófilo tordesillano. Tras recoger al ganado menudo, llegó el esperado momento de ver al Toro de la Vega y su sobrero. Todavía se hacía la afición lenguas del salinero, cuando apareció el Sepúlveda destinado a sobrero con relativa alegría; incluso atinó al rematar en tablas e introdujo su pitón arrancando astillas (y astillándosele); sobrado de kilos, escaso de cornamenta, pareció digno para sobrero pues el aficionado es indulgente en este punto. Cerró la función presentando al Toro de la Vega; similar al sobrero pero mejor encornado, bajó la rampa con esa seguridad y precisión propia de las antiguas vedetes, anduvo pausado hasta el centro de la plaza y allí se quedó sin reunirse con los bueyes. Repetidamente citado, acudió abúlico a tablas provocando los primeros silbidos y murmuraciones, pues tras la exhibición del salinero y la digna actuación del sobrero, se pedía al Toro Vega, ser eso : un Toro Vega. Transcurrieron los minutos sin poder enchiquerarle, pese a las repetidas maniobras de la parada y a la muy buena actuación de los vaqueros, quienes gastaron el fascio de varas arrojándolas con tino para no conseguir nada. El toro no se inmutaba, la gente comenzó a marchar; se tiró de capote y al final entró. Los comentarios posteriores sobre el toro fueron negativos; los más pesimistas entendían que el Lunes de la Peña habría problemas; los optimistas, que podría cambiar el comportamiento del toro. Otros preguntaban qué fue de aquel sobrero de las Ventas apalabrado; otros, que por qué de Sepúlveda y, en fin, cada cabeza era una sentencia como sucede siempre que el Toro Vega no tiene ni el trapío diferente y superlativo, ni el comportamiento fiero que quiere el torneante. ¿Qué nos espera?. Es evidente que en el Zapardiel perderá al menos50 Kg., cursará el periodo de adaptación al nuevo entorno y entrará en conflicto por la jerarquía de la manada. ¿Afectarán positivamente esos sucesos al comportamiento?. El tiempo dirá; de momento, el toro no demostró ser un Toro Vega. |