
A
las 10 de la noche del pasado viernes se celebró en Tordesillas el VIII
concurso de cortes "Villa del Tratado".
La plaza, prácticamente llena por la numerosa
afición que tras ajetreado día se sosegaba en los tendidos, recibió
expectante a los 17 cortadores.
Divididos en cuatro grupos, comenzó el espectáculo
con un utrero bien presentado y seguidor, poco codicioso, sin rematar
las dos últimas fases de la embestida. Resultaba óptimo para cortar,
pero la falta de codicia impedía que los buenos cortes dados por
García de Rioseco, Medina de Arévalo, García de Teruel y Sánchez de
Medina emocionaran a los tendidos; de este grupo saldría elegido
García de Rioseco.
El segundo toro era menos claro; culebreaba y
cambiaba bruscamente de trayectoria en los últimos cinco metros; como
además era ligero de pies, planteó problemas a los cortadores forzando
a precipitar las acciones porque se negaba a colocarse en suerte
renunciando a tablas. Fue entrado por ambos pitones, yendo algo mejor
por el izquierdo pero no cesaba de flotar la incertidumbre sobre cómo
remataría en el contacto; así las acciones resultaban de mucho riesgo
y poca claridad; Holgado de Vezdemarban fue cerrado en una entrada y
salió con apuros. Rodríguez de Arroyo de Cuellar; Fulgencio de Vadillo
y Maestre de Castronuño se ganaron el jornal con el novillo. De este
grupo saldría elegido Holgado de Vezdemarban.
El tercer toro salió gazapón y ligero dando cuatro
vueltas a la plaza, negándose a ser fijado; una vez dominado resultó
boyante y noble. De las intervenciones destacaron la de Canela, de
Fuentes de San Esteban, autor de un emocionante quiebro de rodillas
pegado a tablas, aunque -problemas de torear de noche- se vio obligado a
descomponerse ligeramente ante la ligera barrida que dio el toro por no
precisarle bien. También lució Iglesias de Argujillo dando con
seguridad quiebro a contraquerencia; Corpa de Carabanchel y Valentín de
Tordesillas, cortando de perfil y aguantando en la salida, pero lo que
más llegó a los tendidos fue el planteamiento de Imaz de Fuentesaúco,
primero quebrando a pie quieto y marcando al toro la posición con la
mano y luego quebrando de manera particular; en vez de esperar, salió
andando hacia el toro en rectitud; cuando el toro se le vino, continuó
sin inmutarse; al contacto, sin perder su ritmo, marcó con la pierna
derecha inclinándose ligeramente a ese lado; luego –sin perder el
ritmo de marcha, e ahí la dificultad- avanzó inclinándose a la
izquierda para evacuar al toro....y un inoportuno movimiento de brazos
emborronó la acción; me pareció que ese movimiento aparatoso, más
era concesión a los tendidos que necesidad para mantener el equilibrio.
Saldría elegido de este grupo Imaz de Fuentesaúco.
El cuarto toro, castaño de menos trapío que los
anteriores y bonancible por acudir y rematar, pero no seguir, resultó
útil para el negocio. Coco de Moraleja cortó limpia y elegantemente,
sin extravagancias ni innecesarios calambrazos; De la Cruz de
Tordesillas –que dejaba el oficio- y Llorente de Simancas también
cortaron con limpieza y ciñéndose, pero destacó especialmente Justé
de Teruel quien descubriendo el característico comportamiento del toro
de no seguir tras el contacto, lo aprovechó para operar cortando de
dentro hacia fuera por dos veces. Saldría elegido Llorente de Simancas.
El toro final fue el salinero que ya conocerán los
lectores desde el día del desenjaule. Me pareció que no estaba
afeitado; ligero, buscador, amigo de rematar, incansable en la
persecución y atento, ofrecía grave riesgo a quienes le entraran;
riesgo que percibía el público y que ungió de seriedad a los lances.
Dentro del elevado nivel técnico y asumpción del peligro que mostraron
los finalistas, destacó un corte de García de Rioseco tan apurado que
el salinero casi le siega las piernas y un quiebro de Imaz de
Fuentesaúco similar al descrito anteriormente, aunque ahora, con un
toro mucho más serio aparecieron las dificultades que tiene ese quiebro
sosegado y avanzando en rectitud : cuando fue a desplazarse a izquierda
para evacuar, a causa de la parsimonia que pide la estética, el toro
posicionó y lanzó derrote que Pedro Imaz evitó como pudo : la plaza
se puso en pie.
Se dio suelta a un quinto toro en lo que resolvía el
jurado; durante su lidia, Victor Valentín de Tordesillas ejecutó
diferentes saltos, muy lucido el primero y aplaudidos todos, demostrando
que al día de hoy es de los mejores especialistas en la materia.
El fallo del jurado causó las iras del público pues
dio como vencedor a Llorente de Simancas; segundo, García de Rioseco y
tercero Imaz de Fuentesaúco, arreciando los silbidos por ello ya que en
opinión de la plaza fue Imaz de Fuentesaúco quien debiera haber ganado
el concurso.
Independientemente de la opinión del jurado,
resultó un espectáculo lucido donde los toros salieron buenos y los
cortadores mostraron su elevado nivel especialmente en el toro final, de
verdadero peligro.
Comenzaba la Peña y comenzaba bien.