TRAS EL TORO JUBILO, 
DEJARSE ABSORBER POR LA TIERRA DE SORIA 

Fotos: Jon y Gerardo Abril       Texto: Jesús López Garañeda

EL PATRONATO EN EL TORO JUBILO MEDINACELI

Amanecer radiante en Medinaceli y Arcos de Jalón, lugar de hospedaje de la caravana de "mozos y viexos" integrantes del Patronato, para, tras dejar las ociosas plumas del lecho que dieron cobijo y sosiego a los cuerpos pecadores, salir en dirección al monasterio cisterciense de Santa María de Huerta que ha celebrado recientemente los novecientos años de su fundación por la Orden del Císter.

Nada más traspasar el umbral de entrada, la mirada del ojo gigante del rosetón y sus nerviaciones nos da prueba de la verdad que por aquel entonces gentes de armas que serían violentos y brutales, se les encaminaba hacia un idealismo, hacia una cierta ética. Mucho tuvo que hacer San Bernardo el que dio las normas a los Templarios para llevar el ideal caballeresco con una ética. Por eso, los miembros del patronato del Toro de la Vega de Tordesillas, aunque seamos hijos de nuestra época, creemos en el ideal caballeresco y acudir a Santa María de Huerta era la cita obligada en la mañana posterior a la honda ceremonia del Toro Jubilo.

En ese santo, profundo, impresionante, elevado y robusto lugar nos íbamos a encontrar con el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada, el abad Martín de Finojosa y los duques de Medinaceli y todos aquellos que esperan la resurrección de la carne en el cementerio anejo que también dieron su vida para engrandecer este cenobio.

Era el momento del encuentro, del mirar, del recorrer el mismo claustro, las mismas dependencias que tantos hombres de ayer, forjados en el esfuerzo y en el sentido del deber y de la lealtad, para imbuirse de aires de friura serrana, aires de gloria en aquella mañana después del Toro Jubilo.

El esquema cisterciense, el número áureo como módulo de proporcionalidad y gestor del inverosímil espacio, la Regla de San Benito... eran comentarios que se escapaban entre los miembros de la agrupación tordesillana al visitar, la iglesia, el claustro, la cocina con la monumental chimenea central, la cilla, el dormitorio, el calefactario y el inverosímil e increíble refectorio de conversos, uno de los espacios góticos más puros. Tanto fue así que no se pudo obviar la subida al púlpito del lector desde donde se dirigieron unas palabras de expresividad a la concurrencia y que todos imaginaron el momento de volver para celebrar allí un gran capítulo o reunión del Patronato.

Cuando comenzaban las celebraciones litúrgicas de la treintena de monjes acogidos al cuidado del monasterio de Santa María de Huerta dedicadas a la dominica del tiempo ordinario, emprendimos viaje hacia otra de las poblaciones que la noche anterior habíamos visto iluminada y que creíamos salida de un cuento de hadas.

Siguiendo el curso del río Jalón hasta Arcos llegamos a Somaén, un pueblo serrano construido a la cobijada de las rocas montañosas, vecinas de la Sierra Ministra. Casas ricas y pobres, llenas todas de encanto, con calles empedradas y en cuesta zigzagueante, una mujer del lugar nos orienta en la subida por la parte más bonita. Rejas, construcciones, antigüedades, ladrillos en espiga, en sardinel, tejas viejas con la canal y la cobija perfectamente alineadas, en fin, una capillita en lo alto del caserío y un inoportuno tropezón por parte de una de las mujeres de la comitiva hicieron la marcha más precautoria, "por si acaso", como dijo Chencho.

De nuevo a Medinaceli de día y a conocer la restauración del fantástico arco romano de tres huecos, intentar ver el auténtico Cristo de Medinaceli y degustar un torrezno de la tierra, además de despedirnos de los componentes de la Asociación del Toro Jubilo para llegar de una sentada hasta el Burgo de Osma a reponer fuerzas en una comida de hermandad.

Mesa fraternal, para compartir el pan y la sal y comentarios de toros y caballeros, hombres y mujeres, carne de cabrito y arroz con leche, proyectos e ilusiones, ánimos y brindis por la continuación de estas jornadas. Y después, paseo por el Burgo de Osma y recogida del toro enmaromado de uno de los capiteles en la puerta de acceso a la seo soriana. Admiración en el recorrido de la ciudad de seis pisos en aquellas inolvidables edades del hombre.

La Junta del Patronato con su Presidente a la cabeza Gerardo Abril vio la historia, tabla rasa, vacíos y continuidad que forman parte esencial en esta milenaria diócesis de Osma, con respeto, estímulo y sentido a través de nuestro toro que rumia estrellas en los campos celestiales. 

Patronato del Toro de la Vega. Tordesillas (Valladolid)