EL PATRONATO EN EL TORO JUBILO MEDINACELI

FOTOS : Gerado y Andoni Abril   TEXTO : José Ramón Muelas García

TRAS EL TORO JUBILO,

Sábado 13 de Noviembre, cuando los días van durando tan poco como para crear sospechas, convergimos sobre Arcos de Jalón; este era el lugar donde debía reunirse el Patronato para asistir en forma al último Toro Solemne del Año : el Jubilo de Medinaceli.

Hombres, mozos y mujeres, como aquellos clanes celtibéricos de hace 2.000 años, habíamos subido el Duero hasta su cabeza para celebrar el último ritual del año. En los cuentakilómetros 300 Km. más; en el ánimo, la comedida alegría de quien espera beneficios y en el ambiente, el revuelo de lo que comienza.

Poco a poco el Medinaceli nuevo iba llenándose de fieles, fieles que cenaban atentos a escuchar jubilos de años anteriores, sucesos de no sé qué pueblo, anécdotas de algún encierro. El toro y su mundo llenaban el comedor conforme pide una vigilia ordenada : mezclando toros de nieve soriana con toros de agosto vallisoletano; en realidad, la gente preparaba su emotividad, se disponía a absorber lo que la ceremonia iba a entregar, porque hay sitios donde los preludios del toro son cantares, tumulto, risa, incluso.... ejercicios gimnásticos!, pero hay otros donde el único preludio posible se llama silencio, heraldo de la absorción. Este era el caso; en la noche soriana, quien no absorbe, quien no es capaz de hacer llegar a lo hondo de su subconsciente las impresiones elementales de fuego, noche y toro en completa soledad... no se entera de nada.

Al templo se llega ascendiendo empinada cuesta y una vez allí, viene a descubrirse en la recia plaza un recinto circular enarenado, de sobre 25 metros de diámetro, cerrado por talanquera metálica horizontal; el círculo queda conectado al toril por pasillo de 1 metro de anchura elaborado con mamparas metálicas. Algún remolque, iluminación tenue, inquietos mozos oficiantes, vestidos con mono gris y pañuelo rojo esperando al toro y la dulzaina castellana imponiéndose sobre el frío, componían el santuario.

Hacia las once y media comenzaron los preparativos en toriles. Desde improvisado andamio, dos mozos enmaromaron la testuz de un utrero de "los Maños", luego extendieron por el pasillo la maroma, a la que se agarraron varios mozos y sonó apagado : "va!", "va!", mientras una asistente se quejaba del frío que comenzaba a asomar y otro murmuraba : "pues si llegan a estar el año de la nieve!".

El toro se negaba a salir, anclándose primero en toril y luego en el pasillo, pero no pudo resistir el empuje del grupo bien coordinado. En un instante estaba fijado al poste y tomado por los flancos, comenzando las operaciones de embarrado y fijación de la gamella o soporte donde colocar las bolas de fuego. Este año se volvía al sistema tradicional, fijando la gamella a la cornamenta con cordel y todo iba bien; entre la piña humana asomaba un brazo que giraba la bobina mientras el toro no rechistaba, por lo menos de momento, estaba dominado.

Más de un curioso impertinente –cámara de video en ristre- pretendía meterse encima de los embarradores defendidos por Ponciano, quien estaca en mano trataba de mantenerlos a distancia con poco éxito.

Fijada la gamella, acopladas las bolas, comenzaron a prender las cinco hogueras símbolos de los cinco Cuerpos Santos : Paulilo, Arcadio, Pascasio, Probo y Eutiquiano proyectaron su luz y una espesa capa de humo que dada la alta presión reinante, hacía mucho más patentes los diferentes olores de las maderas que ardían.

Dieron fuego a las bolas atacándolas con una racha y como sólo se había embarrado el cuello y cara del utrero, un ligero olor a chamusquina ocupó el corro donde se operaba; nada anormal, pero más de un "francisco", como diría el ortodoxo Alcalde de Arenillas, comenzó a vocear "que se quema!, que lo están quemando!". No sé si fueron esas voces descompuestas o la fatalidad, pero al punto colearon y se cortó la maroma, a mi juicio precipitadamente, tal vez hubieran bastado unos instantes más para evitar lo que sucedió.

Liberado del pilar, el toro, que sabía mecánica cuántica, restregó hábilmente ambos cuernos contra el suelo descomponiendo las bolas y casi apagándolas, se lanzó contra la primera hoguera y logró apagarlas, pasando a ocupar astutamente los terrenos de mayor penumbra, dejando su flanco derecho iluminado por una de las hogueras y situándose a suficiente distancia de la talanquera como para dominarla sin ser incordiado desde ella.

Comenzaron a darse algunos desconfiados cortes, pues el toro se arrancaba amagando cortar viaje; cierto que sin demasiada codicia, pero se iba hasta llegar a prudente distancia de las talanqueras; mientras, la tribulación embargaba a la Comisión: La gamella con sus bolas apagadas y caídas sobre la cara, componían una escena que era preciso resolver; para ello armaron de antorcha a dos cortadores, pero era trabajo inútil; el toro no sólo confiaba en sí mismo, sino que llegó a rematar en tablas, impidiendo con su actitud reconducir la situación.

Entretanto se siguió ocrtando, incluso, se vio algún paraguas entre los gritos recriminatorios de "aquí no llueve!" y otros más comprometedores.

El desánimo, la queja, incluso la más acre censura se extendió entre quienes ni entienden el fundamento de la ceremonia, ni saben aceptar que la fortuna también puede estropear la más cuidada preparación. Nada podía hacerse; a lo sumo, volver a enmaromar y repetir la operación, pero eso está prohibido por la costumbre, pues el Jubilo no es un espectáculo que debe salir bien, sino una ceremonia que una vez lanzada, no tiene moviola.

Se disparó la traca. Soltaron un buey que para sí le quisiera San Marcos en atención no ya a su inmensa bondad, sino a su santidad; tanta era, que se dejaba acariciar la testuz, pero el utrero enrabietado no quería buenas compañías y hubo de guardarse al changarro.

Se probó con maroma, pero los mozos, deprimidos por el caso, no se hallaban con fuerza; al fin, tras los ánimos recibidos desde talanqueras, lograron asir y entorilar al toro.

Una buena parte de los asistentes marchamos compungidos porque la ceremonia no había salido como se esperaba, aunque no lo dimos mayor importancia, comentando que al año que viene sí saldrá todo bien, pues cuando se obra con vocación y ganas, nada se resiste. No opinaba igual cierta moza, marchaba voceando indignada que no volvería a pasar frío para "ver eso"; bendito sea Dios que cuida nuestras ceremonias usando el fuego y el hielo; así, como a la plata, afina, perfecciona y limpia de impurezas. Cómo se equivocaba! ir al Jubilo a ver cuando allí se va a absorber!.

Eran las tres de la mañana, como hace también 2000 años, el clan en corro analizaba lo vivido, la opinión era común : Sí volveremos.

Y se me mandó que os transmitiera a la gente de la Comisión y a los miembros de la Asociación Cultural del Toro Jubilo un mensaje y un abrazo.

Va el mensaje : En nombre del Patronato del Toro de la Vega os enviamos nuestro más firme apoyo y os exhortamos a que no deis la menor importancia a ese mal golpe de fortuna. Castilla, como el toro, se crece con la adversidad; Importa el trabajo bien hecho y es lo que hicisteis; por ello, enhorabuena.

 

Patronato del Toro de la Vega. Tordesillas (Valladolid)